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11 de junio de 2020

Fantino y el falso Síndrome de Alienación Parental (SAP)

Durante el día 9 de junio por la tarde las redes sociales comenzaron a inundarse de estupor ante la decisión de Alejandro Fantino de convocar a “especialistas” a hablar sobre un supuesto peligroso avance del Síndrome de Alienación Parental (SAP) en el cuadro de la cuarentena obligatoria de España. El síndrome en cuestión no existe, fue cuestionado por todas las asociaciones científicas existentes y es usado para encubrir y justificar el abuso y violación de niños.

Más estupor se produce al recordar que Fantino es el conductor televisivo que, entre otros famosos, había sido sindicado por la fallecida Natacha Jait como integrante de la red de pedofilia del Club Independiente, escandalosa causa sobre la que cayó un manto cómplice de silencio.

La incursión mediática fue repudiada por el Comité Argentino de Seguimiento y Aplicación de la Convención Internacional de Derechos del Niño (Casacidn) y por su presidenta ejecutiva Nora Shurman, pero su protesta apenas se conoció por una nota del diario Tiempo Argentino, el único de reconocimiento público que levantó el tema. Más silencio no es posible conseguir.

El abuso a menores es una institución del régimen que se sostiene con discursos hipócritas sobre la defensa de los niñxs. Ni los abusos al interior de la Iglesia católica ni los que ocurren en el entorno familiar, menos el “derecho de pernada” que aún rige en nuestro país, son seriamente seguidos por los medios. Meterse con ellos es meterse con mafias que tienen poder institucional y material y es meterse con un tema lacerante que muchos prefieren negar.

El SAP es un fraude, una construcción seudocientífica, una pose psicoanalítica, un ardid jurídico inventado por el psiquiatra norteamericano Richard Gardner, quien dedicó gran parte de su vida a ser perito de la parte abusadora en el campo judicial tanto de padres abusadores, como de docentes y religiosos acusados.

Richard Gardner fue parte de una extendida corriente que busca naturalizar y normalizar el abuso hacia niñxs, que actúa en diferentes niveles, que tuvo un auge entre los años 70 y 80, que desde hace años lleva adelante la justificación del abuso en la infancia presentando lo que ellos caracterizan como una “resistencia” como algo que existe en la sociedad, como un prejuicio construido que en el futuro será removido, como ocurrió con la homosexualidad. En torno a estas teorías se apilan catedráticos de universidades de prestigio mundial e incluso intentos de poner en pie partidos políticos guiados por esta máxima.

Pero esta farsa o construcción es palabra oficial en el Estado argentino, particularmente entre los jueces a la hora de analizar reclamos de madres para que les restituyan a sus hijos o para que se disponga la cárcel o al menos el distanciamiento obligatorio contra padres que abusan de sus hijos. En la justicia argentina se apilan las revinculaciones entre niños violados con sus padres violadores sustentadas en fallos con explicaciones de pseudociencia. La acción es tan sistemática que a las madres que deben pasar años peregrinando por tribunales y luchando por la tenencia se las bautizó “madres protectoras”. Ellas luchan cotidianamente no solo contra el poder judicial, sino contra las poderosas asociaciones de abogados que la iglesia y los pederastas tienen y con las cuales hacen lobby en el Estado.

Dentro de la Iglesia católica y de otros cultos, existe una corriente que milita la causa de la pederastía afirmando que todo vínculo sexual que se produzca luego de los 5 años de edad no es abuso. En Argentina una de las marchas organizadas conjuntamente por evangélicos y católicos tuvo como vocero a un cura que usó los canales de TV para llevar adelante estas afirmaciones que se repiten en todo el mundo. El renacimiento del movimiento de mujeres y la lucha por el aborto legal lograron exhibir esta práctica cotidiana que se desarrolla en el silencio y en la tortura del abuso aquí y en el mundo.

“Un cura de Rhode Island (Estados Unidos) generó una fuerte polémica al declarar a un medio local que ‘la pedofilia no mata a nadie, pero el aborto sí lo hace’.” En una entrevista con el canal local WJAR, Richard Bucci,de 72 años, fue más allá y aseguró que “hay más muertos por culpa del aborto que niños de lo que se ha abusado”. El cura realizó estas declaraciones en febrero del 2020 en el marco de la discusión legislativa de la cuestión del aborto en el Estado norteamericano.

En nuestro país, Apadeshi (Asociación de Padres Alejados de sus Hijos) es la madre de todas las organizaciones de juristas y otros profesionales dedicados a la protección de los abusadores. Cierto es que sus integrantes muchas veces se entrecruzan con defensores de genocidas y con adinerados abogados cuya institución de pertenencia es la Iglesia católica, un perfil político presente a ambos lados de “la grieta”. Junto a Apadeshi aparecen y desaparecen otros reagrupamientos como el de “Los padres del Obelisco” y su documental “Borrando a papá”. Lo común a todos los gobiernos es la completa inacción ante este flagelo.

Ni la Asociación Psiquiátrica ni la Asociación Médica de EE.UU. lo han reconocido como síndrome. Tampoco otras prestigiosas asociaciones médicas y psicoanalíticas internacionales han aceptado este planteo y lejos de eso lo han denunciado como un artilugio para justificar la violación de niñxs. El rechazo a esta teoría es total en el campo científico, pero ni este ni ningún gobierno intervienen para terminar con esta barbarie.

El SAP es letra oficial para el Estado y para la Iglesia. Y esto es lo que explica que este apoyo de un conocido conductor televisivo como Fantino a una teoría que respalda la pedofilia no haya trascendido más allá de la protesta durante algunas horas en algunas redes. Hay ciertas aguas a las que a nadie le interesa agitar, incluso para salvar la vida de los niños, a los que en el discurso del Estado se trata como privilegiados, mientras que los hambrea y somete a violaciones, que es lo que ocurre hoy con más del 50% de los pibes en la pobreza y con cifras que muestran que más del 20% de las niñas son abusadas en su infancia (Unicef) y con el discurso oficial centrado en la defensa de la familia aun cuando dentro de esta se viva un verdadero infierno. Una niñez atravesada por el abuso de todos los que debían cuidarnos es una excelente forma de condicionar a una sociedad, formatear sus preocupaciones, traumas y problemáticas.

La lógica del discurso del SAP conforma en el plano judicial la tormenta perfecta. El niño que denuncie estar siendo abusado no será considerado porque hablaría por aquello que le inoculó su madre, quien denuncia falsamente al padre de sus hijos como abusador para ocultar celos u otros sentimientos de venganza. De esta forma quedan anulados los testimonios del niño y de la madre. Quedando solo en pie el testimonio del abusador, único que preserva la institución familiar. “Revincúlese al niño con su padre” dictaminará el juez y fin de la historia judicial y la continuación de una larga lucha que tienen a miles de mujeres condicionadas totalmente a vivir teniendo que resistir la acción del Estado en favor de vincular a sus hijos con violentos y con abusadores.

El silencio en el caso Fantino es la continuidad del silencio en el caso del cura Eduardo Lorenzo suicidado en la sede de Cáritas La Plata, acusado de decenas de abusos y el de la causa de la red de trata de niños vulnerables del Club Independiente.

Un régimen que hunde sus cimientos en una niñez abusada y hambreada es un régimen con el que hay que terminar sin atenuantes.

 

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