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4 de diciembre de 2018

La final de la “Libertadores” en la capital de los colonizadores

Lo que importa es el negocio, no los hinchas

La final de la copa Libertadores entre River y Boca a jugarse en Madrid ha disparado una enorme bronca entre los hinchas y simpatizantes futboleros, y no solo los de los dos equipos que la disputan, que se ha manifestado en los cantos de las hinchadas en varios de los partidos de la última fecha, que también apuntaron contra las autoridades de la Superliga. Es que lo que sucedió en las preliminares y a posteriori del frustrado partido en el Monumental, mostraron la creciente mercantilización del fútbol manejado por la Superliga y las entidades regionales (Conmebol) e internacionales (FIFA), que ha desplazado casi por completo a la competencia deportiva.

El argumento central para el traslado a Madrid es que en la Argentina no se puede garantizar la seguridad para que no se produzcan nuevos actos de violencia. Esto pese a que autoridades oficiales y de la Conmebol insisten con que fueron quince desquiciados aislados los que provocaron toda la crisis que se llevó puesto al ministro porteño de Justicia y Seguridad, Martín Ocampo y generó una pelea por la responsabilidad en la fallida prevención, entre las autoridades nacionales y las del gobierno porteño. Y la primera gran explosión al interior de la Superliga.

Que no se trató de quince energúmenos sino de una “zona liberada” quedó ratificado en una entrevista que le realizó hoy a Patricia Bullrich el periodista Gustavo Grabia, a la que le planteó que Prefectura no había retirado a los hinchas de River pese a que se lo habían requerido y pasó al aire un audio donde se escucha claramente ese pedido. La inseguridad viene del Estado, no de un grupo de inadaptados.     

Además, en el Monumental había 60.000 personas todas hinchas de River. En el estadio Bernabeu, del Real Madrid, habrá miles de hinchas y simpatizantes de ambos clubes lo que, claro está, podría provocar hechos de violencia aún mayores, dentro o fuera de la cancha.

Que el negocio ha superado y desplazado los intereses de los hinchas está a la vista. La Conmebol decidió armar un enorme negocio junto con las televisoras que ahora seguramente han multiplicado la extensión y los montos de los contratos de trasmisión, de los que participa la entidad regional.

Además, instaló el partido en la capital española, donde se asoció con el Real Madrid al que le paga un abultado alquiler y un aún más abultado costo de la seguridad que ocupará a más del doble de policías que en un clásico con el Barcelona (La Nación 4/12).  Claro, el costo de las entradas va desde los $7500 a $31.000, bastante más de lo que paga un hincha en la Argentina para ese tipo de partidos.

La Conmebol, en realidad, buscaría dar el primer salto hacia la disputa de las próximas finales de la Libertadores a un solo partido y en sedes que ya no serán, necesariamente, en algún país latinoamericano, según fue adelantado por la propia entidad. Así, abren la posibilidad cierta de que se comience a jugar en el mercado que más convenga a los negocios, relegando a los hinchas y quitándoles la posibilidad de presenciarla, al estilo de lo que sucede con la copa que se juega entre el campeón de la Libertadores y el europeo, que se juega en Japón o la próxima copa del Mundial de Clubes, de la cual participará el que gane la final entre Boca y River, y que se jugará en los Emiratos Árabes.

La Conmebol decidió que la Libertadores de América se jugaría no en los países de los “libertadores”, sino en las metrópolis coloniales.

Para los hinchas y simpatizantes ahora están Fox y Turner y el paquete codificado, salvo que puedan pagar $84.000, solo de pasaje, para pasar un solo día en Madrid y regresar. A los 60.000 hinchas de River nadie les dijo quién le va a devolver su dinero y la indemnización que les correspondería por no poder presenciarlo.

El enorme negocio del fútbol, que crecido de manera exponencial en los últimos años y que tenía su centro en Europa, ahora recibe a nuevos jugadores, los inversionistas árabes, rusos, chinos y multimillonarios de otros países, así como una fuerte incursión de capitalistas yanquis.

Todos ellos buscan hacer rendir sus capitales ociosos, como resultado de la crisis global en marcha. Las mafias de la Conmebol, a su turno, y las de la Superliga en la Argentina, quieren subirse al carro de este negocio y para ello crearon esa entidad, que tiene las manos libres para armar todo tipo de negocios y negociados, que comenzaron con los de la televisión con Fox y Turner. Un paso obligado será la, por ahora frustrada, formación de las sociedades anónimas deportivas y la sumatoria de las apuestas, un proyecto que podría ser reflotado pronto.

En el terreno deportivo, seguramente se profundizará la corrupción, que no es nueva, y que afecta resultados de partidos y campeonatos.

En manos de mafias capitalistas este es un camino irreversible. La salida a toda esta podredumbre es que los clubes dejen de estar en manos de las mafias, que vuelvan a ser centros de deporte y recreación de sus socios y simpatizantes, herederos de quienes los fundaron con ese fin. Para lograrlo hay que terminar con este sistema y que el poder pase a manos de los trabajadores.

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