fbnoscript
17 de julio de 2018

Mundial de Rusia: los negros de cada lado del Mediterráneo

La demagogia de los gobiernos y políticos antiinmigrantes

Varios medios de difusión y “opinólogos” de distintos países europeos han comenzado a especular sin sustento sobre el cambio social que supuso y que generará la composición “multirracial” de la selección francesa de fútbol que acaba de ganar la copa del Mundo en Rusia. Plantean que la gran presencia de jugadores con ascendencia africana (otro tanto sucede con las selecciones de Bélgica e Inglaterra, otros dos semifinalistas) va a dar lugar a un cambio en la consideración de los inmigrantes que, de manera creciente y cada vez más salvaje, son expulsados o impedidos de ingresar por los gobiernos imperialistas europeos.

Este esperado cambio en el tratamiento a los inmigrantes se plantea cuando el gobierno francés del derechista Macron expulsa a miles de ellos por mes, acordó con la alemana Angela Merkel poner barreras estrictas a la llegada de refugiados, liquidó el campamento que estos habían levantado en las afueras de la ciudad de Calais, y mantiene la represión inaugurada por el “socialista” Francois Hollande, contra los más de 1,5 millón de habitantes –especialmente los jóvenes- que viven miserablemente en los suburbios (banlieue) de los alrededores de París.

De esos suburbios donde nacieron y crecieron, entre otros, Kylian Mbappé, N'Golo Kanté y Paul Pogba, que le dieron el título al seleccionado galo.

La demagogia de los políticos franceses que hacen campaña contra la inmigración (también los belgas e ingleses), les hizo dejar de lado por un momento el origen de los futbolistas para saltar exultantes, festejando el triunfo futbolístico. En Francia no solo Macron, sino hasta Marine Le Pen saludó alborozada el triunfo de la selección “noir”, aunque es activa propulsora de la política de expulsión de los inmigrantes.

La especulación también tuvo otro perfil. En medio de la crisis económica que vive Francia y el ajuste salvaje que está aplicando Macron, el ministro de Economía francés, Bruno Le Maire, sugirió que la victoria en el Mundial impulsaría el crecimiento económico.

Sylvine Thomassin, la alcaldesa de Bondy, el barrio donde nacieron, entre otros, Mbappé y Pogbá, se subió al carro de la demagogia. Saludó el hecho de que el torneo haya traído "una buena imagen de la banlieue en general", aunque los miles y miles de chicos que no son estrellas de fútbol, sigan viviendo en la miseria y con su vida carente de posibilidades de desarrollo.

El elogio de una selección francesa “multirracial”, opuesta como modelo al racismo que caracteriza a figuras de la derecha europea como el italiano Salvini, es un planteo que encubre la naturaleza opresora de pueblos y nacionalidades por parte del imperialismo francés. No sólo por la opresión interna a los inmigrantes asentados y la violencia contra los que pretenden ingresar, sino también por la guerra (Siria), y la estigmatización y discriminación contra las minorías al interior del país (por ejemplo, contra los musulmanes).

Los negros de cada lado del Mediterráneo

Una contraposición flagrante que se constató en el reciente Mundial de Fútbol es que tres de los cuatro equipos que llegaron a las semifinales tenían planteles con un alto porcentaje de jugadores de origen africano, mientras que ninguna de las cinco selecciones de ese continente que llegaron a disputar el torneo pudo superar la fase de grupos.

Por el contrario, en los años ´90, equipos y selecciones del África habían ganado copas y ocupado lugares relevantes en competencias –incluso Mundiales- enfrentando a clubes  y seleccionados europeos.

Los impulsores-aprovechadores

Guerras devastadoras en varios países africanos y del Medio Oriente y crisis económicas brutales con sus correspondientes hambrunas, en la mayoría de los casos provocadas por la intervención y el saqueo de distintos países imperialistas, han sido las causantes de que centenares de miles de pobladores de esos estados se hayan visto obligados a emigrar camino a Europa, muchas veces arriesgando la vida y con destino a las distintas banlieue del Viejo Continente. De allí se nutren las selecciones europeas.

Además, la conversión del fútbol en un gran negocio por el que circulan miles de millones de dólares y que sirve como refugio para los capitales ociosos que no pueden ser colocados en los negocios capitalistas “tradicionales”, hizo que las grandes ligas europeas -donde se concentra ese capital oscuro- actuaran como una maquinaria de succión de jugadores provenientes de todas partes del mundo. 

Las posibilidades que se ofrecen en los países imperialistas y las pocas en los africanos en cuanto a competencia (ligas mayores) tecnología y dinero, entre otras cosas, hace que el flujo de jugadores hacia Europa sea una constante que deja vacías a las ligas y equipos del África. De allí también se nutren las selecciones europeas. Dos de los integrantes del equipo francés nacieron en el África: Umtiti en Camerún y el arquero Mandanda en la República Democrática del Congo.

En el curso de las últimas décadas la emigración devastó a varios países africanos y del Medio Oriente. Las guerras y la política imperialista generaron refugiados de a millones.

El origen de las estrellas

El barrio de Bondy está ubicado a ambos lados de una autopista que une París con el aeropuerto Charles de Gaulle y tiene una población de aproximadamente 50.000 habitantes. Forma parte del departamento de Seine-Saint-Denis que, con más de 1,5 millón de habitantes, es la zona más pobre de Francia y con la población más joven.

En ese departamento, en el año 2005 se iniciaron tres semanas de movilizaciones y enfrentamientos con la Policía luego de que dos adolescentes, inmigrantes, Zyed Benna y Bouna Traoré, que regresaban a sus casas luego de jugar un partido de fútbol, ​​murieran electrocutados cuando se escondieron en una subestación de electricidad después de que fueran perseguidos por la Policía. “Más de una década después de los disturbios”, todavía “están tan estigmatizados y discriminados que un político lo calificó este año (al barrio) como ´un nuevo apartheid" (The Guardian, 15/7).

El mismo diario destacó (15-7) que, en los últimos años, en el barrio y sus alrededores se han erigido “excelentes clubes, para aprovechar a la alta concentración de población joven y allí se instala una gran cantidad de exploradores de talentos”. De allí se nutre la selección francesa.

Aprovechamiento

La imagen de Macron saltando en el palco como un hincha desatado, es parte de la expectativa del presidente de poder aprovechar la euforia desatada entre los franceses por el triunfo para poder avanzar en el ajuste con una menor oposición.

Algo similar se vivió cuando Francia ganó el primer Mundial, en 1998, de la mano de Zinedine Zidane, de origen argelino, quien estuvo al frente de una selección “étnicamente diversa”, calificada entonces como "Black-Blanc-Beur" (Negro-Blanco-Árabe).

La crisis y la resistencia se mantuvo entonces y seguramente continuará ahora, más allá de la euforia futbolera. El ataque del gobierno de Macron a los trabajadores y los jubilados franceses es brutal y por eso sigue presente la lucha de los trabajadores ferroviarios –a pesar de la política de desgaste de la burocracia-, quienes pasado mañana retomarán el plan de paros contra el desguace del ferrocarril y la liquidación de conquistas obreras.

Por su parte, las patronales del sector aerocomercial pronostican un verano caótico en Europa por las huelgas de los controladores aéreos franceses.

La alegría del millón de franceses que inundó París por el triunfo de la selección no se convertirá en un cambio de opinión respecto del gobierno. A Macron no le alcanzará que la “blue-noir” haya obtenido la Copa.  

En esta nota:

Compartir

Comentarios