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22 de junio de 2018

La caída del seleccionado no comenzó con el partido ante Croacia

Años de caos y corrupción no podían dar otro resultado.

El triunfo de Nigeria sobre Islandia abrió una ventana a la selección argentina para pelear por el pase de ronda. Claro, hay que ganarle a Nigeria (en noviembre pasado, en un amistoso, nos ganó el conjunto africano 4 a 2) y, subsidiariamente, que Islandia no le gane a Croacia.

Es que la seguridad por pergaminos se terminó, al menos en el caso de nuestra selección. Nigeria jugó un buen segundo tiempo contra Islandia, fue un legítimo ganador y no va a ser un rival “fácil”. Pero, además, el mal rendimiento de la selección argentina en los dos primeros partidos, muestran que, como dijo el ex delantero Daniel Bertoni, no “encontramos el  equipo y si no se tiene eso es imposible ganar”.

Pero, además, como destaca un conocido periodista deportivo, en el tema de la selección hay no solo problemas “coyunturales” sino también “estructurales” (Juan Pablo Varsky, en La Nación, 22/6).  

Estos últimos forman parte del cuadro general que presentaba la selección ya antes de que se iniciara el Mundial, “vapuleada” –como dijo el Cholo Simeone–, por años de caos en la AFA y aledaños, discontinuidad en el trabajo con la selección, amistosos acordados por razones presupuestarias o políticas y no como parte de la preparación.

Esto se reflejó, en la última etapa, entre otras cosas, en el vapuleo, precisamente, de España con el 6 a 1 y en el récord negativo, en la época de Sampaoli, de haber ganado un solo partido por puntos entre eliminatorias y Mundial, con cuatro empates y una derrota –la de ayer.

El cuadro caótico al cual se refirió Simeone es el generado por las mafias locales del fútbol, peleándose por el poder, los negocios múltiples que se realizan desde la dirección de la AFA y los clubes y por la distribución, ahora, de los más de $4.000 millones anuales que provienen de los acuerdos con FOX-Turner por la televisación de los partidos.

En el terreno deportivo, hubo una maratón de cuatro años de improvisaciones, con tres entrenadores distintos en el curso de las eliminatorias –única selección en el mundo a la que le sucedió esto–, con el último DT asumido cuando solo restaban por jugar los tres últimos partidos de esa ronda clasificatoria. Y esto no podía dejar de tener consecuencias negativas en el funcionamiento futbolístico, más allá de las malas decisiones del DT, que sin duda las hubo y varias, según entienden todos los analistas, periodistas, jugadores, ex jugadores y directores técnicos consultados.

Yendo un poco más atrás, cabe recordar que pasaron ocho técnicos en diez años, hubo elecciones en la AFA empatadas en 38 votos por candidato, cuando eran 75 los autorizados para votar, las categorías juveniles están abandonadas (y ni que hablar de la selección femenina, que tiene una vida agónica y sin el más mínimo apoyo por parte de la AFA), entre otras cosas.

Desde el punto de vista matemático y aún futbolístico, el pase de ronda no está liquidado. Pueden darse algunas combinaciones no demasiado pretensiosas que hagan que Argentina se clasifique.

Pero las improvisaciones, manotazos de ahogado y la mirada de la dirigencia puesta en la disputa por el poder y los negocios y lejos del fútbol y la selección, es una carga demasiado grande para que no juegue un papel decisivo.

Resultado de este cuadro caótico son también las improvisaciones del técnico, que no tenía aún definido el equipo cuando faltaban apenas horas para que comenzara el Mundial y el derrumbe anímico y futbolístico de los jugadores que deambularon y deambulan en medio del mismo.

Como decía Juan Ferro en una nota publicada en Prensa Obrera el 8 de junio, antes de que se iniciara el Mundial, “lo que es seguro es, que pase o no estas (primeras) rondas, a esta selección no la veremos jugar bien al fútbol”.

Y, lo que es seguro también, la crisis que vive no tendrá una salida rápida ni fácil. Es parte de un proceso de corrupción y crisis de la mafia macrista-moyanista que dirige la AFA, con Angelici y Tapia, que ha sumido al fútbol local en un caos permanente, en función de los negocios.

 

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