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11 de julio de 2019 | #1556

La agenda de la flexibilidad laboral y la agenda de los trabajadores

La ofensiva flexibilizadora y antisindical de las patronales y el gobierno se ha redoblado en estos días, aprovechando la “distracción” de las campañas electorales y el reforzamiento de la tregua por parte de la burocracia, en especial la kirchnerista (convencida de que los paros y otras medidas de lucha piantan votos, como señaló hace un tiempo Hugo Yasky de la CTA).

La catarata de declaraciones de funcionarios y candidatos -desde Pichetto a Nielsen- en favor de la reforma laboral, a la que presentan como imprescindible para poder competir con el mundo y en particular, con la Unión Europea, luego del acuerdo firmado con el Mercosur, es abrumadora.

A eso se suma la tentativa de avanzar por la vía de las negociaciones paritarias, acompañando los aumentos (siempre por debajo de la inflación) con modificaciones a los convenios colectivos, como se constató en camioneros, bancarios, marítimos y ceramistas.

La principal cámara empresarial del transporte de cargas, Fadeeac, publicó en medio de la paritaria una carta en la que ponía el acento en once puntos: entre ellos bajar dotaciones mínimas en rubros como aguas gaseosas; crear bancos de horas y jornadas reducidas, y facilitar suspensiones. Toda una hoja de ruta de la flexibilización.

Casi en simultáneo, el Banco Central y Adeba coincidieron en reclamar la extensión de la jornada laboral de siete horas (con cinco de atención al público, de 10 a 15), habilitar tareas durante los fines de semana (algo en que rigor ya existe y se remunera como adicionales) y autorizar actividades financieras en “agencias complementarias” en comercios.

Un terreno clave de esta ofensiva patronal lo constituyen las empresas de “plataformas” -como Rappi y Glovo- que vinculan a consumidores y productores para intercambiar bienes y servicios, asociándolos a sistemas de pagos y de reparto. Por norma, son campos liberados, donde reina la precarización más brutal. Las llamadas “Fintech” reciben de parte del Estado exenciones impositivas, evitan contribuciones a la seguridad social y gozan de todo tipo de privilegios. Una de estas empresas es Mercado Libre, la compañía “argentina” más valiosa del mundo: 29.000 millones de dólares y 7.500 empleados.

Contra ella se dirigió el reclamo de la Asociación Bancaria de afiliar a sus empleados al sindicato, por vender servicios financieros a través de la plataforma Mercado Pago. Lo que desató una durísima reacción de la cámara de las Fintech y del propio gobierno por medio del secretario de Trabajo, Lucas Aparicio.

“Debemos generar empleo de calidad y no encorsetar una nueva realidad en esquemas del pasado, que ignoran resultados exitosos a nivel internacional", decía el comunicado de prensa de la empresa.

Marcos Galperín, dueño de Mercado Libre y amigo personal del presidente Macri, es uno de los líderes del nuevo empresariado, comprometido con la "modernización" y las reformas impulsadas por el gobierno. Por su iniciativa, el “círculo rojo” lanzó una campaña de la que participan el Instituto para el Desarrollo Empresarial de la Argentina (Idea), Endeavor, el Grupo Argentina Mejor (GAM) y el grupo de WhatsApp "Nuestra voz", que reúne a 260 figuras del mundo de los negocios, de apoyo a las reformas y repudiando a La Bancaria.

Los que debemos lanzar nuestra campaña somos los trabajadores. Frente a la plancha de la burocracia sindical necesitamos un plan de acción. Todo el apoyo a la libertad de sindicalización bajo el convenio bancario de los trabajadores de Mercado Libre y de Fintech. Ningún avance contra el derecho de huelga. 

Por un congreso de delegados de todas las centrales obreras que motorice un pliego de reclamos y un plan de lucha que parta de un paro activo nacional de 36 horas.

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