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7 de enero de 2019

El significado del conflicto de Interpack

Se levantó la ocupación, sigue la lucha.
Por Miguel Bravetti
Secretario General de la Comisión Interna de Interpack
El significado del conflicto de Interpack

Foto: Pablo Bove

El levantamiento de la ocupación de la planta de producción y de las oficinas de administración, votado por la asamblea de los trabajadores, abre una nueva etapa en el conflicto.

En los 32 días transcurridos se desplegó un amplio arsenal de medidas de lucha además del paro, la toma y el acampe en la puerta de la fábrica, como movilizaciones, cortes, festivales y actos, que desafiaron la amenaza de un desalojo judicial y las posibles represalias, anunciadas por la secretaría de Trabajo, por desacatar la “conciliación obligatoria”, la cual, en su versión original, simplemente ratificaba los despidos.

Una “conciliación” a la medida de la patronal

El dictamen rechazado implica un salto en el accionar pro-patronal de la secretaría de Trabajo. Su aceptación hubiera significado un golpe al conflicto y un antecedente nefasto.

El voto unánime a favor de desacatarlo, la impugnación formal a la actuación de la Dirección de Relaciones Laborales y la enorme movilización el jueves 3, forzaron un pequeño pero significativo giro y un “nuevo fallo” – en realidad, una ampliación al texto original – que “insta fuertemente a la patronal” a reincorporar a los trabajadores. La empresa, por su parte, adelantó que cumplirá la resolución, pero licenciará a los once compañeros.

Pese a la “trampa” que supone el licenciamiento (rechazada en el acta por la comisión interna) la asamblea sopesó con cuidado la situación y resolvió aceptar la conciliación, en base a tres consideraciones: 1) aleja la posibilidad del desalojo violento de la planta y el avance de las causas penales; 2) permite el cobro de los salarios y aguinaldos adeudados, que la patronal no abonó con la excusa del bloqueo de la administración; y 3) abre una “ventana” de negociación de quince días.

Esa negociación, previamente pautada, incluye el reclamo de las reincorporaciones, el retiro de la denuncia y un arreglo económico por días caídos e indemnizaciones mayores a quienes opten por la desvinculación.

Chamullo ´nac&pop´

El kirchnerismo tuvo en el conflicto un papel secundario pero muy ilustrativo de su conducta general. La intervención del municipio, que tiene una responsabilidad doble por su pretensión de representar una política alternativa al macrismo y ser cabeza del poder político matancero, se limitó a participar de un par de reuniones sin consecuencias. Un fiasco completo.

Más allá de la “buena predisposición” declarada por los funcionarios –incluso la intendenta Verónica Magario hizo conocer su “preocupación” por el conflicto– se puso de relieve la completa impotencia de los nac&pop frente a los grupos empresarios poderosos. Su supuesta simpatía por los trabajadores no alcanzó siquiera para aportar algunos micros para las movilizaciones. Una conducta similar mantuvo con respecto a la lucha de Siam el intendente de Avellaneda, el ´ultracristinista´ Ferraresi.

Por su parte, el sindicato gráfico, enrolado en la Corriente Federal (también kirchnerista) “acompañó” las resoluciones de los trabajadores, sin aportar un gramo de respaldo gremial: no fue posible concretar ni siquiera una reunión con las comisiones internas del Grupo. Sin minimizar la importancia de la “cobertura institucional” frente a la secretaría de Trabajo y frente a la Justicia, el debate de fondo es la estrategia de una dirección sindical que se autoproclamó abanderada de la resistencia a la ofensiva oficialista.

La mejor medición de esa postración son los aproximadamente cinco mil despidos y la cantidad (indefinida) de cierres de talleres que se produjeron en los últimos tres años sin respuesta por parte del sindicato. Lo que prevalece hoy en la base gráfica es una fuerte desmoralización.

La ocupación, una forma avanzada de lucha

Ésta es la segunda vez que se toma la planta de Lomas Del Mirador. La primera ocupación, que se extendió por ocho días en 2007, fue por un reclamo salarial y por la efectivización del personal contratado.

Las dos ocupaciones de Interpack fueron más duras que otras “huelgas con permanencia” de esta etapa ya que, por un lado, el control total de las instalaciones quedó en manos de los obreros, sin permitir el ingreso de ningún personal, y por otro, no lidiaron con una patronal “en fuga” si no con una que nunca ocultó su intención de continuar operando y apeló a todos los medios económicos y coercitivos para recuperar la planta. Solo la fuerte organización de base – disminuida en número, pero fogueada en innumerables luchas – permite explicar estos 32 días de toma firme.

Conclusiones preliminares

En lo inmediato se abre una etapa de negociación en la que la empresa buscará esterilizar el esfuerzo realizado por los trabajadores y retomar, de algún modo, la iniciativa. Del lado de los trabajadores, deberemos tensar la guardia, continuar con el acampe y la movilización e incluso retomar las medidas adentro, para arribar a un resultado favorable. El desenlace está abierto.

Pero más allá de las consecuencias que el conflicto tenga al interior de Interpack, su significado trasciende el mero reclamo: confirma la eficacia de la ocupación como una forma avanzada de lucha; demuestra las reservas que anidan en la base del movimiento obrero para enfrentar la ofensiva del macrismo (por contraste, la complicidad de todas las direcciones sindicales que apuestan al recambio electoral); y por último, resalta el enorme valor de la construcción clasista bajo la orientación de la izquierda.

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