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24 de mayo de 2018 | #1503

Dos agendas opuestas ante la crisis

Burocracia y clasismo

Luego de las movilizaciones de diciembre, la burocracia sindical, en especial la de la CGT, desempeñó a fondo su papel de contención.

Aceptando los topes paritarios, reflotando una reforma laboral “segmentada” y aislando las huelgas (docentes, Inti, Turbio, entre otras). El sayo le cabe también a la fracción “combativa” de los K y el moyanismo.

La declinación del gobierno, al ritmo de la crisis económica, convenció a la CGT de la necesidad de reacomodarse: emitió un par de pronunciamientos críticos al rumbo de la política oficial y produjo una minúscula movilización al Obelisco contra los tarifazos y el FMI.

En ese acto, sin embargo, Juan Carlos Schmid tuvo que cruzar el reclamo de un paro inmediato, de parte de su propia tropa, explicando que había que “prepararlo”.

“No es tiempo de paro”

La mesa chica de la central -integrada por el Triunvirato y un puñado de gremios “pesados”, como UPCN, la Uocra y Comercio- concluyó que “hacer un paro hoy, en soledad, no nos sirve para nada. Tenemos que tener los apoyos políticos necesarios para que no nos acusen de desestabilizadores”, dijeron, para iniciar luego “una ronda de diálogo con senadores y gobernadores”.

Quien más batalló por la “cautela” fue Barrionuevo. Sus críticas al gobierno y su renovada alianza con Moyano duraron poco, hasta que una gestión personal del ministro Triaca le habilitó un nuevo convenio gastronómico (que entre otras cosas le permite agrupar al personal de comidas rápidas, un coto exclusivo de Pasteleros).

Moyano: entre la interna y los expedientes judiciales

Moyano, que mantuvo un perfil bajo desde el 21F, agita la bandera de un posible paro (“si vetan la ley para frenar el tarifazo”), con un doble objetivo: 

1) responder al embate judicial que lo tiene arrinconado. Los allanamientos al sindicato de Camioneros, por denuncias de extorsión a empresarios del transporte, no cayeron nada bien en el mundo sindical, donde todos tienen muertos que esconder. De hecho, el mismísimo Cavalieri fue citado por la Justicia para explicar el desvío de más de 50 millones de pesos de la obra social de Comercio;

2) intentar alinear a algunos gremios oscilantes, en el conteo de porotos para el Congreso del 22 de agosto cuando se elegirá la nueva conducción de la CGT  (que deberá pasar por el Comité Central Confederal, aún sin fecha). Hay un abanico de gremios determinantes -como la UOM, ferroviarios, UTA o Smata- que pueden salir para cualquier lado.

Por caso, en el mismo momento que Triaca sellaba su acuerdo con Barrionuevo, Ricardo Pignanelli -uno de los favoritos del presidente- le daba el apoyo del Smata a José Luis Gioja en la guerra por el control del PJ, marcando así un distanciamiento respecto del gobierno.

Moyano acaba de lograr que la Justicia dé vía libre a la elección de autoridades de las 62 Organizaciones (hoy próximas al camionero), que el Ministerio de Trabajo pretendió bloquear con el fin de mantener el sello como brazo sindical afín al gobierno.

Moyano-Palazzo, para negociar

La fórmula Pablo Moyano-Sergio Palazzo, lanzada para competir con el bloque de los Gordos y los Independientes, no parece ser más que un recurso para forzar una negociación por el reparto de cargos en el Consejo Directivo y consensuar una nueva conducción. Pablo Moyano afirmó que “con el titular del gremio bancario Sergio Palazzo coinciden en una CGT firme y no arrastrada ni callada, y confió en que puedan alcanzar un acuerdo para presentar una única lista”.

La vuelta de Camioneros al Consejo Directivo, del que Pablo se había retirado dando un portazo (ese sillón ahora lo ocupa Omar Pérez, hombre de confianza de Hugo), es más que un simple gesto.

Multisectorial 21F o en un mismo lodo

La nueva “plataforma” del moyanismo es la multisectorial M21F, que nuclea a las organizaciones del espacio convocante a aquella marcha de febrero: Camioneros, la CFT (Corriente Federal), las CTA, la CTEP y, en un lugar protagónico, a la Iglesia. La Conferencia Episcopal acaba de dar una fuerte señal política de apoyo a la jornada “La patria está en peligro” del 25 de Mayo y a la Marcha Federal por Tierra, Techo y Trabajo.

En este espacio confluyen Moyano y los K -que tributan a la unidad del PJ (“esperemos -declaró Pablo- que todos los sectores del peronismo nos unamos de cara al 2019”)- y el tándem Movimiento Evita-Barrios de Pie-PCR, que acaba de anunciar la formación de un frente electoral con la Unidad Popular de Víctor De Gennaro. Una vez más, la centroizquierda actuando como furgón de cola del nacionalismo burgués.

En conclusión: hay en marcha una tentativa de reacomodamiento de la burocracia, en sintonía con la tortuosa reunificación del PJ y siempre con la vista puesta en el recambio de Macri, en 2019 o antes, si el devenir de la crisis empuja un adelantamiento. Y, sobre todo, para prevenir el protagonismo de la izquierda, como se expresó en las jornadas de diciembre.

Una enorme oportunidad para el clasismo

La represión a los obreros de Cresta Roja, del Inti y del Subte es consecuencia directa de la renovada injerencia del FMI en la política argentina y sus programas de “shock”. Se vislumbran grandes choques de clase.

El plenario convocado por el Sutna, con el propósito de impulsar un congreso obrero, que vote un plan de acción y un programa, será un punto de apoyo importante para el clasismo y su tarea histórica: superar a la burocracia y poner al movimiento obrero en acción.

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