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2 de junio de 2020

Avellaneda: contagio en la clínica Nuestra Señora de la Dulce Espera

En un cuadro de precarización sanitaria, salarial y de violación de los derechos sindicales.

En la clínica Nuestra Señora de la Dulce Espera, ubicada en la calle Ferré al 521 de Sarandí, la jefa del sector enfermería ha dado positivo en el test de Covid-19. Faltan los resultados de varios trabajadores y la patronal informa de manera verbal a quienes les ha realizado el hisopado, sin ningún papel que respalde la negatividad de Covid-19, dejando a sus trabajadores con la desconfianza. Y aquel que se realice el estudio de forma particular corre con la amenaza de perder el empleo, como le ha sucedido a uno de sus empleados, a inicios de la cuarentena.

Según denuncian sus trabajadores, no se cumplen los protocolos de prevención y aislamiento. Faltan efectuarse testeos en gran cantidad. Tanto médicos, enfermeros, técnicos, administrativos, personal de mantenimiento y limpieza informan que no reciben los barbijos útiles para el caso. Los tapabocas caseros no sirven en un centro médico repleto de infectados de Covid-19. Hay faltante de elementos de desinfección. Obligación de compartir sectores reducidos (ascensores) con pacientes que asisten al centro hospitalario con síntomas de coronavirus. En las mismas salas mezclan a positivos y sin confirmación. No se mantiene la higiene con la ropa de cama.

Un panorama de alta precarización, que ponen en juego la salud del personal y pacientes

Pero aún hay más. Sandra Panizza, propietaria de la clínica, y Camilo Caballero, director del centro, precarizan también en el salario y en los derechos gremiales. Adeudan el pago de horas extras y abonan sueldos por debajo del mínimo de convenio de sanidad. A la hora del reclamo los directivos les responden “no hay un peso, estamos en crisis”. Refutación contradictoria al observar  la inauguración del sanatorio San Juan en la localidad vecina de Lanús, hace muy pocos meses atrás.

A la par, tienen prohibido afiliarse al sindicato. Si se acercan a las oficinas del gremio, rápidamente son avisados sus empleadores, demostrando una convivencia entre burocracia y patronal.

“No nos dan barbijos, los tenemos que comprar en la farmacia, de nuestros bolsillo, como la lavandina y el alcohol en gel. No nos hacen los testeos. Nos deben salarios, y no tenemos delegados que nos representen. Acá todos tenemos hijos y padres. Cada día que volvemos a nuestras casas tenemos miedo de llevar el virus y contagiar a nuestros seres queridos”, afirman en el centro de salud.
Los grandes héroes no viven de aplausos y grandilocuentes gestos. Exigimos a los propietarios de Nuestra Señora de la Dulce Espera y también al gobierno municipal y provincial el hisopado a toda la planta de trabajadores, con su correspondiente informe (por escrito), del mismo modo a sus familiares y contactos directos.

Entrega de elementos necesarios para la prevención (barbijos, guantes de látex, marcaras, cofias, camisolines y desinfectantes).
Inmediato pago de los sueldos adeudados. Ingreso mínimo igual a la canasta básica. Cumplimiento del escalonamiento salarial y actualizaciones paritarias.Libertad gremial. Basta de presiones. Libertad de afiliación al sindicato. Inmediata elección de delegados.
Conformación de una comisión de seguridad e higiene, conformada por sus trabajadores. Toda medida a tomar por la patronal deberá ser acordada con dicho comité.

 

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