13/02/2020

Las implicancias de la reunión de Solá con Bolsonaro

El viaje de Felipe Solá a Brasil para reunirse con Bolsonaro tiene un significado político de alcance. Bajo el pretexto de dejar de lado las “diferencias ideológicas” y adoptar una política exterior “pragmática y sin prejuicios”, el canciller argentino celebró tras el encuentro el acercamiento logrado con el gobierno carioca, y resaltó el hecho de que el mandatario brasileño propusiera reunirse con Alberto Fernández el 1 de marzo en Montevideo, en la asunción de Luis Lacalle Pou como presidente de Uruguay.


Fernández se lamentó por no poder asistir a la cita propuesta porque ese día debe dar el discurso oficial en la apertura de sesiones del Congreso, pero agregó que le ofrecerá hacerlo al día siguiente. De esta manera, ambas partes se jactaron de limar asperezas luego de los cruces verbales que habían protagonizado desde la derrota de Mauricio Macri en las elecciones.


Pero más allá de los protocolos, la reunión que sostuvieron en Brasilia tocó temas importantes. El principal interés del gobierno brasileño era refrendar el rumbo de apertura comercial del Mercosur, en base a acuerdos de libre comercio y la reducción del Arancel Externo Común. Esta agenda de flexibilización amenaza con barrer a sectores enteros de las economías sudamericanas a manos de las potencias capitalistas y agudizar la primarización.


Si durante la campaña electoral el Frente de Todos se había hecho eco de la quejas de importantes industriales frente a la firma del acuerdo con la Unión Europea, ahora Solá brindó declaraciones inequívocas a los medios asegurando que comparten con el gobierno de Brasil la necesidad de que el Mercosur avance en acuerdos de libre comercio con potencias comerciales como Israel, la Alianza del Pacífico, Canadá, el EFTA (países del norte de Europa), Japón, Corea del Sur y Singapur. “Estamos con la mente abierta y vamos a tratar de no ser una traba”, aseguró.


En efecto, a cambio de mostrarse propenso a apoyar un “Mercosur abierto”, Solá solicitó a Bolsonaro el apoyo de su gobierno en la búsqueda de un acuerdo con el Fondo y los bonistas. La hoja de ruta del pago de la deuda externa y el sometimiento al capital financiero que llevó al gobierno de Alberto Fernández a visitar al represor francés Emmanuel Macron y el criminal sionista Benjamín Netanyahu, suma ahora este acercamiento con el gobierno que actúa como puntal de la ofensiva del imperialismo yanqui en toda la región. Finalmente, la deuda externa no es solo un medio de saqueo económico de las naciones oprimidas, sino también un mecanismo de dominación política.


Ya en las semanas previas al encuentro fue el embajador Daniel Scioli quien buscó allanar el camino a un entendimiento, a pesar de la pirotecnia verbal del presidente carioca contra Fernández. El exgobernador bonaerense afirmó que ambos países no adoptan direcciones opuestas y declaró que “Brasil está viviendo una etapa de reformas con impacto positivo en la economía”, en referencia especialmente a la reforma previsional de Bolsonaro que implicará un robo de 190.000 millones de dólares a los jubilados en la próxima década. Estos halagos, en momentos en que en Argentina congelan la movilidad jubilatoria para garantizar el pago de la deuda, no son para nada fortuitos.


Detrás del pretexto de no frustrar la relación bilateral por “diferencias ideológicas” se oculta que el gobierno de Bolsonaro fue el punto de apoyo del golpe de Estado en Bolivia y es el instigador latinoamericano de mayor peso en la presión contra Venezuela. La invitación a Fernández de reunirse en la asunción del derechista Lacalle es una muestra de que este acercamiento se da en los términos de un alineamiento con Trump. Finalmente, Bolsonaro mismo llegó al gobierno tras el golpe contra Dilma Rousseff y la prisión de Lula.



Una confirmación de este alineamiento es el compromiso de actuar coordinadamente en el combate al narcotráfico en la frontera compartida, como ya habían pactado la ministra macrista Patricia Bullrich y el ministro de Justicia y Seguridad Pública brasileño, Sergio Moro. Este punto fue introducido como prioritario en la agenda regional en las “cumbres antiterroristas” organizadas el secretario de Estado yanqui, Mike Pompeo.


Pero quizá el aspecto más fuerte de esta subordinación a la ofensiva del imperialismo norteamericano sea la confirmación de asistencia de Solá a la reunión del Grupo de Lima, que se realizará en Canadá el 20 de febrero, cuyo orden del día se limita a apoyar a Guaidó y relanzar la arremetida contra Venezuela, tanto que allí se encuentra en estos momentos el líder de la derecha escuálida. El mismo Canciller declaró que el gobierno argentino brega por nuevas elecciones en el país caribeño tuteladas por organismos internacionales dominados por el imperialismo. Los amagues de Alberto Fernández sobre la formación de un “bloque progresista” con el gobierno mexicano de Andrés Manuel López Obrador no pueden disimular el sometimiento de ambos a los dictámenes de Trump.


Para derrotar la ofensiva imperialista es necesaria la mayor independencia de este nacionalismo burgués capitulador, que se ha asignado como prioridad excluyente el acuerdo con el Fondo Monetario. La rebelión chilena, las movilizaciones en Colombia, la resistencia obrera y campesina al golpe en Bolivia, son muestra de las reservas de lucha con que cuentan los explotados latinoamericanos. Para desarrollar esta perspectiva a nivel continental es que impulsamos la realización de una conferencia de la izquierda y el movimiento obrero de América Latina.

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