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7 de noviembre de 2019 | #1571

"Plata en el bolsillo”, ¿de quién…?

Salarios y jubilaciones en la mira, en la previa del pacto social
Plata en el bolsillo”, ¿de quién…?

El clasismo en los sindicatos debe rechazar la integración de las organizaciones obreras a un Consejo Económico y Social.

“El presidente electo y su socio potencial, Roberto Lavagna, acuñaron la frase “poner plata en el bolsillo de los argentinos”, una salida lingüística para no hablar de poder adquisitivo de salarios y jubilaciones y, mucho menos, de canasta familiar.

El promedio de las paritarias 2019 oscila en el 35%, contra una inflación del 55%, o más. Con raras excepciones como bancarios, Smata y el Sutna, hasta setiembre los trabajadores de grandes gremios como metalúrgicos o el transporte han perdido entre 12 y 15 puntos. Los paros docentes en Capital, como en la televisión tienen este fundamento.

Pero el año no terminó y muchas paritarias terminan su período recién en marzo y aún en junio del año próximo como camioneros y el neumático. El gran tema es qué está pasando ahora mismo con los precios, y cómo llegaremos todos al pacto social que propone Alberto Fernández.

Hubo tres tandas de un 14/15%  de remarcaciones desde las Paso la semana del propio 12 de agosto, fin de setiembre y ahora. El índice de setiembre fue 5,9% y no bajaría del 4% mensual en el último trimestre. Pero eso estará sujeto a los aumentos de combustibles, del gas, que tiene un 29% postergado para diciembre y otros como el tarifazo de la luz que dictó Vidal de un 25 por ciento.

A todo esto hay que agregar la potencial devaluación que está inscripta en el dólar contado con liquidación que supera los 80 pesos. En este contexto la “maquinita” de la emisión que celebró Roberto Fernández de UTA, funciona desenfrenada agregando leña al fuego.
El Cronista Comercial (4/11), reconoce una fuerte “inflación reprimida” que alcanzaría el 50% en 2020 y ciertas consultoras como Delphos (ídem) establecen “la inflación del trimestre noviembre/enero en 17/20% y hasta el 30% en el peor escenario”.  

Todo lo cual se traduce en aumentazos en celulares, prepagas, en la carne, etc. Es decir que, por ahora, la plata va al bolsillo de las empresas formadoras de precios, menos al precio de la fuerza de trabajo: es decir al bolsillo de los trabajadores y jubilados

El peronismo ha confundido  como para crear expectativas y, al mismo tiempo, paralizar al movimiento obrero. Hablaron de un 20% de aumento a salarios y jubilaciones, luego de un 35% para todo el 2020 y, finalmente, la CGT desmiente todo y Andrés Rodríguez sacude el tablero diciendo que al presidente electo no le pedirán ni un bono de fin de año. 

Sobre llovido, mojado, planifican rebajas de aportes patronales a las Pymes y otras rebajas de impuestos para amortiguar, por ejemplo, los aumentos de combustibles. Esto agravará el torniquete contra jubilaciones y salarios estatales. Apuntan contra las cláusulas gatillo de algunas paritarias como docentes universitarios, tal cual las desconoció Arcioni en Chubut.

Las jubilaciones y los salarios, son el blanco de la “desindexación de la economía”. En este plan, la indexación jubilatoria está condenada a muerte en los borradores del FMI y entre los economistas de Fernández, con la excusa de que Macri la estableció y partió del robo de 9,5% en marzo de 2018. Lo cual es cierto, pero ahora planean un robo superior: divorciarla de la inflación pasada y futura.

A los empresarios no los “desindexa” nadie, no dependen de un índice de precios, lo hacen. Están haciendo ahora el colchón y eludirán los controles de un eventual pacto social como lo han hecho toda la vida, porque el poder político capitalista no está dispuesto a abrirles los libros y mucho menos a disponer un control obrero de los precios.

En la transición, Macri hace el trabajo sucio de habilitar un enorme colchón de precios y despidos, mientras la CGT de Daer y la Corriente Federal kirchnerista le organizan un acto en Azopardo a Fernández, sin debate ni reclamos.

Estamos en un momento crucial. El movimiento obrero tiene que ser autónomo o no existe. El clasismo y la izquierda revolucionaria en los sindicatos tenemos que oponernos a integrar a las organizaciones obreras a un Concejo Económico y Social de tipo corporativo y a un pacto social que lo sustente. 

La burocracia sindical con la parálisis ante esta transición contra los trabajadores está adelantando el carácter antiobrero que tendrá ese pacto social, maniatando a los sindicatos. La cuestión del salario equivalente a una verdadera canasta familiar que hoy no baja de 55.000 pesos, de una jubilación y salarios mínimos que no bajen de la canasta básica, del aumento en los planes sociales, de la indexación mensual de salarios y jubilaciones hasta que la inflación baje a menos de un dígito anual, están en el centro de un programa de los trabajadores.

Para ello luchemos por la total autonomía de los sindicatos y las organizaciones de desocupados. No tienen mandato para atarnos a un pacto social que estará al servicio del capital, de la banca acreedora y del FMI. Impulsemos asambleas fabriles y sindicales en esta línea. Por un congreso mandatado desde las bases como están impulsando los sindicatos combativos en Chile. Ese es el camino.

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