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5 de noviembre de 2019

El pacto social “en construcción” cruje por arriba y por abajo

Carlos Leyba fue el hombre que escribió la letra chica del pacto social de 1973. En una entrevista, explicando las diferencias entre aquel momento y el actual, destacó que “la CGT era una sola y dominaba el 90% del movimiento obrero”.

Claro que eso no impidió que en julio de 1975 una huelga política sostenida se llevara puesto al pacto y a parte del gobierno peronista. Pero importa el comentario para entender el empeño puesto por Alberto Fernández en reunificar a la burocracia sindical.

El plenario de secretarios generales que se realizará el próximo viernes en la CGT  para “acercar posiciones de cara al pacto social futuro", contará con la participarán de casi todas las fracciones gremiales y será bendecido por Fernández en persona.

Hugo Moyano podría dar, otra vez, la nota discordante. “Hasta el momento no fui invitado al encuentro con Alberto Fernández”, adelantó. Ya había pegado el faltazo al acto por la asunción de Juan Manzur en Tucumán, que congregó a varios Gobernadores, intendentes de conurbano y popes sindicales: una postal del “eje de poder del albertismo”.

La tensión con Moyano se acumula desde que fue marginado de las listas del Frente de Todos. Luego, negociaciones subterráneas terminaron por poner a Héctor Daer al borde de quedarse con la secretaría general de la próxima CGT. Y ahora, su candidato para la secretaría de Transporte, Guillermo López, no cuenta con el apoyo oficial.

Moyano enfrenta la resistencia de un tándem poderoso: Omar Maturano de La Fraternidad y el colectivero Roberto Fernández. Este último no le perdona que haya apoyado una lista opositora en las elecciones de la UTA el año pasado.

"Una economía funciona sobre la base del transporte. Es una actividad sumamente importante que no puede quedar aislada del acuerdo social”, amenazó el camionero.

Reformas y proteccionismo

La Unión Industrial Argentina también hizo oír sus reparos. Un acuerdo de precios y salarios “que no se inscriba en un plan integral podría terminar como en 1975”, declaró Funes de Rioja, de la COPAL (cámaras de la Alimentación).

Las patronales exigen mayor flexibilidad, rebajas impositivas y una nueva vuelta de rosca contra las jubilaciones. Pero además presionan contra la apertura comercial amplia y la rebaja de aranceles que promueve Brasil en el marco del Mercosur. El lobby de la industria farmacéutica, por caso, rechaza adecuarse a una nueva ley de patentes. Tanto Manzur (ex ministro de Salud de CFK) como Daer (Sanidad) son peones de los laboratorios. 

Colchón de precios y de despidos

Según trascendió, el paquete de medidas que se viene incluye un incremento salarial del 20% y la suspensión de las paritarias hasta nuevo aviso, como contraparte de un congelamiento de precios. Adelantándose a eso las empresas de alimentos desataron una secuencia de remarcaciones: luego de las PASO un 17% (que se disimuló parcialmente por la rebaja del IVA); en setiembre otro golpe del 16% y, luego de las generales, un 15% más.

A esto se suman los tarifazos de la nafta y de la electricidad en la provincia de Buenos Aires.

En paralelo los despidos y cierres se multiplicaron. Compañías importantes como Kimberly Clark, Massalín, Unilever, 3M, Arcor y Ledesma dejaron en la calle a miles de familias. La simple mención al restablecimiento de la doble indemnización por despido - rápidamente desmentida - fue aprovechada para justificar nuevos achiques. Contribuyó el reforzamiento de la tregua por parte de los sindicatos, decididos a “no alterar la transición”.

Mientras la burocracia negocia sus cuotas de poder y las patronales, junto a los especuladores internacionales y el FMI, imponen sus condiciones, los trabajadores seguimos siendo desangrados.

Necesitamos un congreso de delegados de base para luchar por la reapertura de las paritarias, la anulación de los tarifazos, la prohibición de despidos. Para derrotar el pacto social y hacer realidad la pesadilla de los Funes de Rioja.

 

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