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20 de agosto de 2019

Lacunza, un ministro para tratar de llegar a diciembre

En su debut como ministro de Hacienda, Hernán Lacunza convalidó la brutal devaluación posterior a las Paso, al señalar que el Banco Central intervendrá “para que el dólar no abandone el rango de precios en que se movió durante la semana pasada”, o sea dando por sentado el salto cambiario que llevó el dólar cerca de los 60 pesos. Y, tras anunciar una convocatoria a los referentes económicos de la oposición, se entrevistaba por la tarde con Marco Lavagna y quedaba pautada una reunión con algún economista del Frente de Todos.

Tanto el relevo del incinerado Nicolás Dujovne por Lacunza como esta convocatoria a los economistas de la oposición se orientan en la línea de una transición que permita al gobierno terminar su mandato. Como Macri ha quedado desautorizado tras la aplastante derrota en las Paso pero Alberto Fernández aún ni siquiera fue electo presidente, se está tratando de montar un esquema que tranquilice a los mercados. Las conversaciones telefónicas de Macri y Alberto Fernández apuntan, precisamente, a dar una certidumbre al FMI y los acreedores.  Por eso mismo, tras las dudas que generó su anuncio de una reestructuración “bonista por bonista”, el candidato del Frente de Todos mandó al economista Guillermo Nielsen a declarar que de momento no analizan una reestructuración de deuda.

Esta reestructuración, sin embargo, es descontada por los mercados dada la envergadura de la crisis. Esto se ve en la inversión de la curva de rendimientos de los bonos. Las calificadoras, por su parte, han reducido la calificación de la deuda argentina (al nivel de “bonos basura”, en el caso de Fitch, que advierte el riesgo de un “default o la necesidad de alguna forma de reestructuración”). Algunos analistas han destacado que el gobierno abandonó la semana posterior a las Paso la zona de no intervención cambiaria (que estaba en $51,45) pactada con el FMI y que ni siquiera cumpliría con las metas de déficit primario comprometidas para 2019, lo que enfatiza las tendencias a barajar y dar de nuevo.

Lacunza reconoció su modesto lugar en el escenario político al asegurar en la conferencia de prensa de esta mañana que "como el mercado apunta al futuro, a veces es más importante lo que diga la oposición". Un columnista del diario La Nación (19/8) recordó que Lacunza es cercano a Sergio Massa y Martín Redrado, para concluir sobre su designación que “es un reconocimiento tácito de que existe hoy casi una gestión compartida: las herramientas las tiene el gobierno; el poder reside en gran parte en la oposición”. En el plano político, esta debilidad ha llevado a Macri a la conformación de una mesa política junto a Vidal, Rodríguez Larreta, Pichetto, la Coalición Cïvica y un sector del radicalismo. Se trata de aguantar como sea hasta diciembre. Curiosamente, esto se produce en el momento en que Vidal y Rodríguez Larreta (así como varios intendentes de Cambiemos) despegan sus campañas de Macri como quien trata de escapar del Titanic. Según Página 12, el sector de Vidal reclama también la cabeza de Marcos Peña.

En este contexto, la gestión de Lacunza se concentraría en tratar de destrabar el nuevo desembolso del préstamo del FMI (cuya misión llega en estos días al país) y en que el dólar no se dispare de tal modo que atice aún más la inflación (que se estima será de por lo menos un 50% anual) y agudice todos los desequilibrios económicos. 

Que logre contener el dólar es una incógnita dadas las exiguas reservas del Banco Central (según algunas consultoras, de entre 15 y 20 mil millones de dólares). También el gobierno viene teniendo enormes dificultades para refinanciar los vencimientos de letras. Todo esto en medio de una impresionante desvalorización de las compañías que operan en el mercado. El Cronista (20/8) afirma que “la capitalización bursátil de las empresas argentinas cayó un 40% en dólares y los bonos se depreciaron casi 24 mil millones de dólares” en la semana posterior a las Paso. 

Los trabajadores debemos intervenir en esta convulsiva transición con una política propia para evitar que la crisis sea descargada sobre nuestras espaldas.
 

 

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