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17 de agosto de 2019

Pacto devaluador de Macri, Fernández, los mercados y el FMI

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Las definiciones políticas de esta semana de Mauricio Macri y Alberto Fernández han sorprendido a más de un espectador político y con seguridad a la propia tropa de cada uno.  Cuando los “nacanpop” en los medios y redes vociferaban que la corrida contra el peso era una acción de venganza de Macri contra la población por su derrota, Fernández planteó que es “razonable” que el dólar cotice ahora 60 pesos. Es curioso llamar razonable a una devaluación del 30% que ha generado una disparada inflacionaria cuyo alcance no se termina de apreciar y ha hecho entrar en pánico a toda la población que vive de sus salarios en pesos en una economía dolarizada. Alberto dio su visto bueno a la violenta devaluación, aunque sería más preciso decir que era una medida que él venía reclamando, a través del pedido de que no se usaran más los dólares del tesoro para controlar el tipo de cambio y el llamado cada vez más explícito a que sea Macri quien proceda a una devaluación que las patronales nativas consideran necesaria. Como adelantó Romina del Pla en el acto de cierre del Frente de Izquierda-Unidad, hace una semana, quienes dicen que esto le dará competitividad a la economía argentina se chocarán con la guerra comercial y financiera internacional en curso, como ha sucedido con cada plan de “vuelta al mundo” que ensayó el macrismo en estos cuatro años.

Frente al rápido traslado del salto del dólar a la nafta, cuando Macri anunció el congelamiento del precio del combustible, la primer voz que se alzó contra el intervencionismo fue la de Guillermo Nielsen, gurú económico de Alberto Fernández, que dijo que no se le “podía hacer eso a YPF”, como si el cambio de la cotización del dólar modificara drásticamente el costo de producir para el consumo interno. Siguió a las declaraciones de Nielsen una rebelión de las petroleras, que ha terminado por ahora en una reunión en crisis y amenazas del gobierno macrista de recurrir a la ley de abastecimiento contra las empresas. La magnitud de la crisis política y económica puede medirse a la luz de que el “gobierno de los CEO”, que tenía a Aranguren de Shell como emblema, ha terminado recurriendo a los métodos de Guillermo Moreno para tratar de sobrevivir. Los activistas petroleros denuncian que las empresas están deteniendo la operación en los pozos, como resultado de la crisis, es decir que estarían dispuestas a llegar al desabastecimiento ante la eventual medida.

Sur, default y después

En las intervenciones de Fernández luego del tan meneado llamado que se hicieron el presidente derrotado y el presidente virtual, para establecer un canal de negociación respecto a las medidas que hacen a la marcha económica en los meses de transición, el eje del vencedor de las PASO ha sido excluyente: Mauricio Macri debe empezar a renegociar la deuda con el Fondo Monetario Internacional cuanto antes. "Lo que firmó no existe más. No lo pudo cumplir. Me gustaría que deje las cosas medianamente ordenadas con el Fondo". Roberto Lavagna, quien Fernández ha mencionado como posible Ministro de Economía, aunque le pidió que mantenga su candidatura para disputar votos a Macri, pidió en sintonía en su conferencia de prensa del jueves 15 que se suspenda la campaña electoral y que la energía de todos los candidatos (léase de Macri) sea dirigida a plantear “de inmediato ante el FMI la necesidad de renegociar el crédito stand-by vigente, cuyos condicionantes y perfil de vencimientos son imposibles de cumplir sin imponerle a los argentinos muchos años más de ajuste y sufrimientos''.­

La renegociación que plantean Fernández y Lavagna equivale no a cortar la hipoteca de ajuste, sino a reorganizar las condiciones de sometimiento. Constituye objetivamente una declaración del default nacional, y las condiciones de los acreedores se impondrán en función de esta realidad, como lo refleja el astronómico riesgo país, lo que ha llevado los bonos argentinos a precios basura. Es decir que es una propuesta de rescate de los fondos de inversión y la banca acreedora. La exigencia de que sea Macri el que comience las negociaciones permite distribuir el costo político de la aceptación de las condiciones de usura que todo los candidatos del Frente de Todos se han juramentado a defender. Pero sobre todo, hace ingresar en escena a los acreedores como parte en la mesa que conduce esta transición política, en una negociación que tendría a Macri como el interlocutor oficial, pero a Fernández como contraparte ineludible.

Las negociaciones de Fernández no se limitan al problema de la deuda. En estas horas, Alberto tuvo un publicitado encuentro con el empresario íntimo de Macri, Marcos Galperin, de Mercado Libre, que viene liderando una cruzada por una modificación de las condiciones laboralesque quiebre los convenios colectivos y la sindicalización. "Generar puntos de encuentro y mirar el país para adelante es muy positivo", dijo Galperin luego de la reunión. "Gran parte de los empresarios del grupo de WhatsApp de Mauricio Macri están pidiendo reunirse con Alberto", indicaron fuentes del Frente de Todos. Fernández ha dicho que las modificaciones del régimen laboral son necesarias, en coincidencia con los reclamos patronales, pero que no se deben llevar adelante sin acuerdo sindical, cotizando las acciones de la alicaída burocracia de la CGT en el proceso. Ha colocado como ejemplo a seguir al convenio de Vaca Muerta, que ha dado lugar a una seguidilla de muertes obreras por los aumentos de ritmo y la violación de criterios de seguridad de trabajo.

Paz social antes y después de diciembre

El aporte del peronismo a la transición que se pretende encaminar no es menor. Frente a los primeros atisbos de una reacción popular frente al golpe de la devaluación el kirchnerismo organizó un fuerte trabajo de desautorizar cualquier llamado a movilizar como funcional al macrismo (¿?), impulsado por infiltrados, y exponiéndose a posibles represiones. Este trabajo se organizó desde el Instituto Patria de CFK e incluyó a la “izquierda” K, como Hebe de Bonafini o Gabriela Cerruti. No hubo una sola voz kirchnerista que desentone llamando a la acción en defensa de los salarios licuados.

Héctor Daer y Andrés Rodríguez de la CGT han salido a descartar “absolutamente” cualquier posibilidad de un paro, cuya realización consideraron “totalmente irresponsable”. Esto muestra que su planteo discursivo de actualizar el salario mínimo al monto de la canasta familiar, aunque muestra la instalación de las consignas de los sectores clasistas y combativos del movimiento obrero y la presión de los trabajadores por la licuación salarial, no pasa de la pretensión de hacer un saludo a la bandera ya que se cancela de antemano la posibilidad a luchar por ellos.

Mientras el jueves 50 mil piqueteros en la Plaza de Mayo encabezaban una enorme jornada nacional de lucha por un programa de emergencia frente a la crisis, el trío CTEP-CCC-Barrios de Pie que ha sido recipiente de la gran mayoría de los recursos asistenciales durante el gobierno de Cambiemos, fuertemente encuadrado en el Frente de Todos, se reafirmaba su lugar entre los guardianes de la gobernabilidad del gobierno de Macri. “Tres frases suenan entre los dirigentes piqueteros y la Casa Rosada a pocos días de la abrumadora derrota electoral del Gobierno: mantener la paz social, asegurar la responsabilidad institucional y esperar el resultado de octubre”. (Infobae 15/8)

La pretensión desmovilizadora, que contrasta con la enorme bronca y desesperación en la población trabajadora y en amplias capas de sectores medios, tiene como finalidad preparar el famoso pacto social que Cristina y Alberto Fernández vienen promoviendo como política de su futuro gobierno. "El 10 de diciembre hay que llamar a empresarios, trabajadores y pactar 180 días de tregua", afirmó en estas horas Alberto. La burocracia sindical y piquetera, los variados clanes de punteros pejotistas que se han reagrupado en el Frente de Todos, se preparan para imponer una desvalorización histórica de la fuerza de trabajo argentina, como lo intentaron en su momento Perón e Isabel, transitando el camino del Pacto Social al Rodrigazo.

A las calles

Todo el esquema de contención de las masas en que se está montando esta transición política está colocado sobre cimientos inestables. La crisis capitalista y los choques internacionales golpean sobre Argentina, mientras algunos comentaristas empiezan a alertar que una caída mayor aquí dé inicio a un colapso financiero internacional. Las convocatorias del movimiento piquetero en lucha, la existencia de luchas aisladas pero aguerridas como la de los estatales de Chubut o las peleas contra los despidos en numerosas plantas cerradas por sus patronales, la concurrencia masiva del activismo a la convocatoria que prepara el Plenario Sindical Combativo, muestran una deliberación y tendencia a la lucha entre los trabajadores.

Las fuerzas del Frente de Todos se han transformado en el principal sostén del gobierno de Macri, a quien quieren al frente de la transición para que haga la tarea sucia de la burguesía en este momento. La agenda del “diálogo” sostenido entre los rivales en la carrera presidencial es de hecho un acuerdo (precario) de co-gobierno. Los que encabezan la mesa de este diálogo y han decidido la agenda son los mercados y el FMI, o sea el gran capital imperialista y nacional que opera sobre nuestro país.  

Salgamos a las calles. Paro activo nacional de 36 horas. Congreso de delegados de base de trabajadores ocupados y desocupados sin división de sindicato ni central, que vote un pliego único y organice un plan de lucha hasta ganar. Fuera el régimen del FMI. Que la Crisis la paguen los capitalistas y no los que trabajan.

 

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