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12 de abril de 2019

El costo de la construcción subió 52% en un año y aleja para el trabajador la posibilidad de tener la casa propia

El gran negocio del capital financiero y las desarrolladoras

En el último año –marzo contra marzo- el costo de la construcción en la ciudad de Buenos Aires subió casi un 52%, aunque los salarios de los trabajadores del sector tuvieron un aumento de apenas un 38 por ciento. La diferencia se debe al salto en el precio de los materiales –la cadena del negocio capitalista de la construcción- que alcanzó al 64,5% en la comparación de marzo último contra el mismo mes del año 2018.

A su vez, el alza de los costos durante marzo llegó a un 4,1% respecto de febrero, anticipando el dato de la inflación del mes pasado que, según anunciara el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, llegaría a más del 4 por ciento. Es decir que el precio de la construcción –y luego el de la venta- se rige a rajatabla por la inflación y coloca cada vez más lejos la posibilidad de un trabajador de alcanzar a tener la vivienda propia. 

Con estos aumentos, el costo de la construcción para unidades multivivienda alcanza hoy en la Capital a entre $28.800 y $33.800 el metro cuadrado (Página12, 12/4), cuando el salario medio en la ciudad llegaba a algo más de $18.000 en el tercer trimestre del año pasado, según el último relevamiento de la Universidad de Belgrano, es decir apenas algo más que el valor de medio metro cuadrado de construcción.

Pero, además, estos valores están lejos del que finalmente resulta para la venta, que más que se duplica, por el resto de los costos y ganancias, y hace que resulte prácticamente imposible adquirir un departamento para aquellos que viven de su salario.

A esto se le suma que los actuales créditos para vivienda son imposibles de pagar porque, con tasas del 50/60/70 por ciento anual, las cuotas trepan rápidamente a valores desorbitados al igual que sucede con los créditos UVA, el “sistema” inventado por el macrismo, que, actualizados por inflación, están colocando a los tomadores en la posibilidad de perder sus viviendas porque no puedan pagar las cuotas, dado que los salarios quedaron por demás retrasados respecto de la inflación y, además, las deudas de capital más intereses alcanzarán pronto valores que superen el de la propiedad. 

Un reflejo de este cuadro es que en febrero pasado, “la actividad (de la construcción) arrojó una caída interanual de 5,3%, con expectativas desfavorables hasta mayo, según la encuesta cualitativa que realiza el Indec” (ídem).

La demagogia oficial respecto de la vivienda –en la campaña electoral el macrismo aseguró que otorgaría un millón de créditos para esos fines- se da de frente con la crisis y el desmadre de la inflación y el precio del dólar y ha liquidado la posibilidad de tomar créditos y de tener la casa propia.

El negocio capitalista, de las constructoras y el capital financiero, atenta así contra el bienestar de la familia trabajadora. El millón de créditos deben ser otorgados a valores que no superen el 10% del haber mensual del trabajador. Para eso hay que desterrar la usura del capital financiero y de los grandes grupos capitalistas de la construcción, amparados por todos los partidos y gobiernos patronales.

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