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6 de diciembre de 2018 | #1531

Las elecciones, en medio de una crisis excepcional

La oportunidad de la izquierda

Llegado el fin de año se avecina el proceso electoral 2019. ¿Esto ha cerrado la crisis excepcional, económica, social y política del gobierno? No, al contrario. El propio adelantamiento de las elecciones en 17 provincias, que pueden llegar a abarcar incluso a la provincia y a la Ciudad de Buenos Aires, expresan esa crisis. Los gobernadores adelantan sus elecciones para despegarse del incierto recambio presidencial, tanto por el lado de Cambiemos como por el lado del PJ, con Cristina en ascenso, pero con un peronismo cada día más dividido. Por supuesto que un adelantamiento de Vidal y Larreta es casi la partida de defunción de Macri, pero eso no está descartado por la magnitud del rechazo popular al gobierno, que jamás se repuso de la caída que comenzó en las jornadas de diciembre ante el robo a los jubilados.

Lo que ha evitado una salida anticipada de Macri es la enorme colaboración política de la oposición pejota-kirchnerista. Pero eso no elimina la continuidad de una bancarrota económica que no resuelve el crédito del FMI y mucho menos su política para pagarlo, que están hundiendo literalmente en la miseria a capas y capas enteras de la población. La marcha de la crisis capitalista mundial, que de manera ondulante acentúa la fuga de capitales y la tendencia a las devaluaciones monetarias, contribuye a la completa inestabilidad y a la precariedad del respiro conseguido con el crédito del FMI y las altísimas tasas de interés. Tan es así, que la perspectiva de una derrota de Macri es hoy un factor autónomo de la crisis económica y la desinversión de todo orden.

Así las cosas, se ha desencadenado una ola de elecciones provinciales que empiezan en febrero y marzo en provincias como Catamarca, Neuquén y Santa Fe, y luego hay dos o tres elecciones por mes.

La peculiaridad del proceso electoral que comienza de esta manera es la crisis económica brutal que se descarga sobre las masas, las luchas que buscan perforar la contención de la burocracia sindical y el hecho de que la burguesía no encuentra una alternativa para suplantar a un Macri fracasado a tres años vista de su ascenso al poder. Por otro lado, los capitalistas apoyan el rumbo de “reformas” antiobreras de Macri y recelan del regreso del kirchnerismo aunque Cristina y Kicillof den garantías de todo tipo de repagar la deuda, de no romper con el FMI y de un acuerdo a ojos vista con el Vaticano -aunque ello le valga ponerse de espaldas al más masivo de los movimientos populares de este año que fue el de la mujer por el aborto legal.

Esta contradicción es la que fragmenta al peronismo al mismo tiempo que todos proclaman la necesidad de la unidad opositora. La atomización conspira contra el plan polarizador de Macri y su núcleo duro, y el ascenso de Cristina al calor de la crisis acelera las maniobras políticas y judiciales contra ella, poniendo un voltaje a la crisis política que escala a la Justicia y a todas las instituciones del Estado.

El Frente de Izquierda tiene su disputa principal con el kirchnerismo, el cual, aún en su maniobra de adaptación al ajuste del FMI, conserva el rol más radicalizado en el imaginario popular y en la disputa de las organizaciones populares, sean obreras, estudiantiles, barriales o de derechos humanos. La batalla por la independencia política de los trabajadores, que es la viga maestra del FIT, pasa por la interpelación permanente del rol que el kirchnerismo juega en esas organizaciones, y debe apuntar a una delimitación porgramática de fondo para separar a los trabajadores, las mujeres y la juventud del nacionalismo burgués y reagruparlos en una estrategia socialista de gobierno de los trabajadores.

La cuestión del no pago de la deuda externa, la ruptura con el FMI, la nacionalización del sistema financiero y del comercio exterior, de los recursos estratégicos mineros e hidrocarburíferos contra los tarifazos, de la expulsión de la burocracia sindical y la libertad de organización de los trabajadores y la oposición a las reformas laboral y previsional, son puntos polémicos fundamentales, frente a la ofensiva de Cambiemos y al compromiso del kirchnerismo y el pejotismo con la burguesía. El impulso a la irrupción de los trabajadores y la cuestión de una crisis de poder que plantee la Asamblea Constituyente debemos inscribirla en esa lucha política, porque las elecciones convocarán a las masas al recambio capitalista, pero sin cerrar la crisis excepcional que hemos caracterizado y se desarrolla cada día con nuevas manifestaciones.

Es claro que el FIT está ante una prueba política y oportunidad si pasa este desafío exitosamente, ganando autoridad política ante los trabajadores.

El FIT debe colocarse a la altura de las circunstancias y erigirse como un canal para impulsar la movilización y la acción directa de los explotados, contribuir a que la clase obrera irrumpa en la crisis nacional como un factor independiente y se transforme en una alternativa de poder. Debe proyectarse como una fuerza política, lo que plantea el frente único en todos los terrenos: un programa que defienda la independencia política de los trabajadores y una estrategia de poder, una intervención común en la lucha de clases y un acuerdo integral para librar en común desde el primer trimestre del año la batalla política electoral que tenemos por delante y que se extenderá durante todo el año 2019 hasta culminar en las elecciones presidenciales. Incluso intervenciones clave con la del 24 de Marzo o ahora mismo contra el decreto de gatillo fácil tienen que tener al FIT en primera fila de la lucha de clases. Desde esta comprensión, el Partido Obrero impulsa el debate inmediato a la mesa del Frente de Izquierda y los Trabajadores, para dirigirnos en conjunto a toda la vanguardia obrera y del movimiento popular.

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