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20 de agosto de 2018

Víctor González, el “doctorazo”

El miércoles 15 falleció nuestro compañero Víctor González “el doctorazo”.  Víctor hacía 38 años que militaba en el Partido Obrero. En su época estudiantil, en la Facultad de Derecho, ya había activado en uno de los tantos grupos de izquierda de la época. Finalmente durante la dictadura terminó sumándose a Política Obrera, ya como joven abogado volcado al laboralismo. Desde ese momento, Víctor se mantuvo junto al Partido Obrero, más allá de algún u otro altibajo. Como abogado laboralista, fue abogado del sindicato obrero del ingenio San Pablo, de los trabajadores del surco de Santa Lucía, de la UOM, del Suterh, entre otros.  En el año 95 rechazó la proposición de ser abogado de la FOTIA para no blanquear a la burocracia, en aquel momento bajo el mando de Villavicencio, quien dirigiendo el sindicato obrero del ingenio San Pablo, había permitido su cierre y su posterior desaparición (fue el único ingenio que dejó de funcionar luego de la dictadura).

Víctor, era una persona de humor negro, sociable al mango. Los viernes a la noche, casi como un rito, se reunía con sus amigos de Tafí Viejo a comer un asado, y era un punto de referencia que muchos vecinos tenían para ir a compartir la velada pero también los problemas de consulta jurídica.

Víctor, en los últimos años ejercía la abogacía como maestro, teniendo como discípulo a su hijo Aníbal, también militante del PO y a otros colegas.

Víctor tenía una característica que lo destacaba. Frente a los conflictos, sean fabriles, sindicales, de ocupación de terrenos, etc. siempre estaba presto, para que se convocara a una asamblea y explicar el rol subordinado  de los abogados y las leyes a la lucha de clases.

Recuerdo, en el 2010, cuando el conflicto de la salud dominaba la escena del conflicto social en la provincia, impulsamos una asamblea general en el Hospital Avellaneda con la presencia de Víctor. La preocupación de los médicos y enfermeros era qué consecuencias legales podrían sufrir los trabajadores, pues estaba la decisión de ocupar el hospital, luego de casi un año de virtual paro general de la salud en la provincia. Ante la pregunta, Víctor les respondió que la medida era “ilegal”, que podían sufrir despido e incluso que alguno vaya preso. Todos se miraban, y el activismo me miraba a mí, preguntándome, que clase de abogado había llevado a la asamblea. Todo era un murmullo, hasta que Víctor retomó su intervención y planteó que lo que estaba haciendo el gobierno también era “ilegal” al desconocer derechos como la insalubridad, y muchos otros, y que entonces el conflicto no se podía arreglar en la justicia sino por medio de la lucha y que siempre se iba a imponer la legalidad del más fuerte por lo cual aconsejaba que si se había decidido ocupar, que se ocupara, que se extendiera la ocupación a otros centros de salud, etc.

Con Víctor, tenemos mil anécdotas de ese tipo, pero en el trabajo legal era un estudioso. Sin ser constitucionalista, llevamos la denuncia y el reclamo de anulación de la elección provincial fraudulenta del 2015 hasta la Suprema Corte de la Nación.

Una semana antes de su fallecimiento, casi como presintiendo el desenlace charlamos sobre la vida y sobre la muerte, conversación que se interrumpió pues llegaron un grupo de trabajadores de una cerámica que había cerrado y quería el asesoramiento del Partido Obrero.

Su último trabajo importante fue un amparo para reclamar la separación de la iglesia de la educación, alrededor del cual se va a iniciar una campaña política.

El jueves, el PO hizo un acto homenaje en el velatorio.

Nuestras condolencias a sus hijos y demás familiares.

Doctorazo, hasta la victoria siempre.

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