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30 de mayo de 2019 | #1550

La marea verde no baja los brazos en un año electoral

Una lucha más necesaria y urgente que nunca
La marea verde no baja los brazos en un año electoral

Aborto legal, una lucha que incomoda al poder político en todas sus variantes. Fotos: Ojo Obrero Fotografía

La octava presentación del proyecto de ley por el aborto legal -luego de una década de bloqueo sistemático, bajo este gobierno y el anterior, y de la enorme lucha popular del año pasado- encontró nuevamente a cientos de miles movilizadas y movilizados en todo el país. La marea verde, lejos de declararse derrotada, sigue demostrando su profunda comprensión de que este derecho se conquista con la lucha.

Las 70 firmas conseguidas para el proyecto de la Campaña Nacional fueron arrancadas bajo la presión de esta enorme movilización, que ya se auguraba masiva como continuidad del 8 de Marzo y por el compromiso militante de miles de jóvenes y trabajadoras. Logramos volver a imponer el tema en agenda contra la voluntad de quienes nos gobiernan y mantienen los resortes del poder en las provincias y las distintas instituciones del Estado.

Se trata de una lucha que incomoda al poder político en todas sus variantes (macristas, kirchneristas, centroizquierdistas y pejotistas), porque cuestiona sus alianzas con las iglesias y porque politiza aspectos clave de la regimentación social. Por eso, todos los dirigentes patronales se empeñaron en bloquear esta nueva irrupción de la marea verde y argumentaron contra la continuidad de la lucha en un año electoral.

¿La lucha tiene que esperar?

Hemos escuchado a quienes se dicen defensores de la legalización plantear que no es “oportuno” o “estratégico” insistir en este reclamo en un año electoral. En palabras de Alberto Fernández: “no hay necesidad de avanzar rápido”. Ocultan que en esta materia van a hacer lo mismo que Macri y Vidal (y los gobernadores en todo el país), que es profundizar sus “alianzas estratégicas” con la reacción clerical y oscurantista. Todos ellos quieren gobernar con las iglesias que predican el desprecio a la mujer y la misoginia, que salen al cruce de esta causa en defensa de un modelo familiar autoritario y opresivo, que sirve para educar al conjunto de la sociedad en la aceptación de la opresión y el sometimiento.

Ante la enorme presión social, el candidato a presidente de CFK se retractó y quiso reacomodarse planteando que era favorable a la despenalización, no a la legalización. No se entiende de qué habla: la única manera de despenalizar es legalizando la práctica. ¡En este país, el aborto está despenalizado por causales desde hace casi 100 años y, sin embargo, no se cumple en la gran mayoría de las provincias!

Mientras, el macrismo combina su plan de ajuste con el otorgamiento de mayores espacios de poder a las iglesias católica y evangelista -como hemos visto recientemente con el 0800 “anti-derechos” en la provincia de Buenos Aires-, quienes aspiran a relevarlo en el poder nos dicen que no es prioridad legalizar el aborto porque lo importante ahora es enfrentar el ajuste. ¡Pero son quienes rechazan romper con el FMI! Es falso, asimismo, el argumento que divorcia la pelea por el aborto legal y la lucha contra el ajuste, la pobreza y la penuria social. Lo que sucede es que con el ajuste refuerzan la precariedad de la vida de las mujeres, que se hunden en la miseria, y que cada vez están más lejos de poder llevar a cabo una maternidad plena, una maternidad deseada, sin recursos ni para sostener sus propias vidas. A caballo de ello, las condenan al matadero del aborto ilegal.

Los pañuelos celestes son parte de la ofensiva contra las mayorías populares, son los guardianes del ajuste y son la reacción contra las mujeres. Los que nos piden unirnos a ellos, nos tienden una trampa.

No es el aborto lo que “divide a los argentinos”, sino la clase social que separa a los responsables de la crisis capitalista, de los que pagan sus consecuencias.

La consulta popular

Si el Parlamento le sigue dando la espalda a nuestra lucha, pues avancemos con una Consulta Popular Vinculante para arrancarlo con la movilización política y social de la marea verde en todo el país. Es cierto que los derechos no deberían ser sometidos a un plebiscito, pero más lo es que no podemos seguir tolerando un régimen que los pisotea. ¡Pateemos la pelota a las calles y que se imponga la voluntad popular!

Explotemos las elecciones al servicio de esta causa, como propuso Romina Del Plá en la conferencia del Congreso, instando a que se realice un debate público entre los candidatos a presidente y vice, para que cada uno haga explícita su posición sobre este derecho y sobre la situación de las mujeres.

En esta lucha se juega no sólo la defensa de la salud y la vida de las mujeres, las niñas y las disidencias, sino también una pelea más profunda contra la tutela y la regimentación del Estado, sus partidos y las iglesias sobre las mujeres y el conjunto de los explotados.
Vamos adelante con esta lucha hasta conquistar educación sexual laica y científica, el derecho al aborto legal, la separación de las iglesias del Estado y el conjunto de nuestras reivindicaciones.
 

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