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15 de marzo de 2018 | #1494

8M: podemos conquistar el aborto legal

Balance de una jornada extraordinaria

La monumental movilización del pasado 8M en todo el país ha constituido un contundente alegato de lucha contra todas las miserias que el régimen social y económico les depara a las mujeres en nuestro país y en el mundo. El feminismo, desde las más diversas expresiones y ángulos, se ha expresado con la potencia que sólo un movimiento que se arraiga en las más estructurales penurias del régimen capitalista puede expresarse. 

A Macri le va a resultar difícil manipular la agenda de la mujer, que ha conquistado, a fuerza de organización y de lucha, un hito histórico: que una mayoría social se haga consciente de la necesidad de que se legalice el aborto en la Argentina.

Como en el primer Ni una Menos, la masividad y la radicalidad de la movilización dieron proyección internacional a la protesta, que también tuvo episodios destacados en el Estado español y Turquía, en el primer caso con un fuerte anclaje en la clase obrera; en el segundo, desafiando el “estado de emergencia” y la represión de Erdogan.

En nuestro país, expresó -con sus diferencias y contradicciones- una masividad antigubernamental, crítica y dispuesta a luchar contra los poderes constituidos del Estado, que en Capital, Córdoba, Santa Fe y Mendoza contrastó fuerte con la victoria electoral macrista de 2017. 

En la mayoría de las provincias, las movilizaciones fueron multitudinarias y tuvieron como eje los reclamos de legalización del aborto, contra la violencia y el ajuste, superando los esfuerzos denodados de gobernaciones e intendencias de todo el arco políticode estatizar el 8M, dando asueto frente a la posibilidad de que las mujeres no fueran igualmente a trabajar o que, “peor aún”, organizaran acciones de protesta al interior de los lugares de trabajo. A nivel nacional, la incomodidad del gobierno frente a la protesta -que quiso anticiparse habilitando el debate sobre el aborto, para bajar el voltaje de denuncia política que se preveía iba a tener, y finalmente tuvo, la marcha- ha desatado un operativo de desprestigio del Paro Internacional de Mujeres. Por caso, la embajadora del PRO ante la OEA, Paula Bertol, caracterizó al 8M como un “cambalache” que “mezcló reclamos genuinos” con fines ajenos, como sería el pronunciamiento que se hizo desde la Plaza de los Dos Congresos “por un feminismo inclusivo, radical y de intersección que nos invite a todas a unirnos a la resistencia al racismo y la explotación capitalista” (Clarín, 10/3).

Junto a la clase obrera

Además, el documento explicitaba que este 8M se inscribía en el camino de las movilizaciones populares del 14 y 18 de diciembre y que, desde ese lugar, reclamábamos la aprobación inmediata del aborto legal en la Argentina. Mal que le pese a Bertol, el 8M estuvo lejos de ser el cambalache que los asesores del macrismo pretendían.

El paro de mujeres rechazó el intercambio espurio que proponía tácitamente el gobierno, consistente en entregar la pelea contra el ajuste a cambio de que se habilite el tratamiento parlamentario del derecho al aborto. El movimiento de mujeres, en su inmensa mayoría, demostró estar maduro para salir a dar pelea por todo. En el escenario, ello se corporizó en las despedidas en lucha del Inti, del ferrocarril, de la Casa de la Moneda, del Posadas, entre otras, y en la presencia de una mayoría de representantes sindicales combativas y clasistas portando el pañuelo verde por el aborto legal, seguro y gratuito, impulsoras de este reclamo en sus propios sindicatos (AGD, Ademys, Suteba multicolores).

Mal que les pese a La Nación y otros diarios oficialistas, que se refirieron a un “texto ideologizado”, ese pronunciamiento fue elaborado en masivas asambleasde mujeres, lesbianas, travestis y trans. Para reforzar el intento de difamación, ríos de tintas de escribas oficiales reemplazaron lo que enverdad se dijo en el palco, en las calles, en las escuelas y lugares de trabajo, por frases hueras, en una operación de violencia política que debe ser denunciada. Las miles y miles que marchamos ese día no salimos a pedir abstracciones de “igualdad” o “paridad”, sino reivindicaciones muy concretas: aborto legal, educación sexual, basta de despidos y discriminación, el fin de todas las formas de violencia de género y de represión estatal, la separación de la Iglesia del Estado. A este intento de vaciar el contenido concreto de la jornada se sumaron numerosas multinacionales, como Mc’Donalds o Mattel, que lanzaron medidas de maquillaje o muñequitas de Frida Kahlo para disimular que sostienen sus ganancias esclavizando a miles y miles de mujeres en todo el mundo.

“Operativo tapón”

El intento de licuar el contenido radical de la jornada también vino del campo patronal opositor y de la burocracia sindical. Junto con el gobierno, el kirchnerismo fue el otro gran derrotado por la lucha de las mujeres el 8M, que terminó marginado en su empeño por soterrar el reclamo del aborto legal, demostrando, una vez más, que no apuesta a ninguna movilización popular que no pueda regimentar a sus intereses electorales.

El “operativo tapón” que las dos CTA, la Corriente Federal de la CGT, la CTEP, la CCC-PCR y Barrios de Pie montaron sobre Avenida de Mayo y 9 de Julio, para que la cabecera de la marcha no pudiera llegar al Congreso, demostró la impotencia política de un bloque que intenta, en nombre del Papa, incidir sobre un movimiento que se proclamó anticlerical. El frente de “unidad opositora” debutó sacrificando el reclamo popular central del 8M.

Este accionar se condice con el llamado a un paro “sólo de mujeres” de parte de estos sectores, el cual tampoco garantizaron. Con esta maniobra evitaron dar la pelea de organizar un paro contra el Estado y las patronales, propiciando una división entre hombres y mujeres de la clase obrera. Estas conducciones son las mismas que han entregado la pelea por licencias específicas, lactarios y jardines, contra los despidos y la flexibilización de los convenios. Con esta modalidad, se lanzaron a minar la unidad y la moral de clase que necesitamos para enfrentar la ofensiva capitalista.

Cómo la seguimos

Ha quedado en claro que tenía razón Pichetto, cuando advirtió que está en duda si el gobierno podrá controlar el debate sobre el aborto. Es que esta cuestión del aborto está lejos de tipificar un asunto de “libertades individuales”, como quiere presentarlo el ala feminista liberal del movimiento.

Lo que está en juego son las vidas de miles de mujeres que se arriesgan en la clandestinidad de las prácticas inseguras a las que acceden las pobres, un tema que siempre fue parte de la vida de la clase obrera, pero que hasta ahora estaba silenciado detrás del oscurantismo clerical y los gobiernos al interior de la familia. Que una mayoría social cuestione que una mujer que aborta sea una criminal coloca las responsabilidades allí donde siempre deberían haber estado: en las condiciones de miseria que impone la reproducción capitalista de la vida para los explotados y sus responsables políticos.

El 8M dejó planteado la posibilidad de conquistar el aborto legal, seguro y gratuito. Existe una voluntad de lucha enorme para arrancarlo y un principio motor que debemos defender hasta el final para ganarla: la independencia de todos los gobiernos y de la Iglesia.
Vamos por un plan de lucha nacional por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Ni una Menos. El Estado es responsable.

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