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19 de julio de 2019

La colimba a ambos lados de la “grieta”

Los antecedentes del Servicio Cívico de Bullrich

El Servicio Cívico Voluntario que anunció Patricia Bullrich es un engendro bolsonarista contra la juventud que sufre el vaciamiento educativo y la “glovización” de su salida laboral. El programa, recordemos, consiste en poner a los “ni-ni” (ni estudian ni trabajan) de entre 16 y 20 años a recibir formación en “valores democráticos y republicanos” por parte de la Gendarmería. Pero, precisando, la resolución fija que estos jóvenes recibirían –bajo las órdenes de esta fuerza, responsable del asesinato del joven Santiago Maldonado- entrenamiento físico y ejecutarán marchas militares, entre otros lugares en Campo de Mayo y hasta en una Casa de Retiro del Obispado en González Catán.

Esa orientación, sin embargo, lejos está de ser patrimonio exclusivo del macrismo. No por nada Alberto Fernández lo consideró como un “paliativo” o una “salida de emergencia”, mientras Fernando Espinoza –su candidato en La Matanza- reclama que la Gendarmería de Bullrich vuelva a patrullar las barriadas. Con estas cabezas de lista, quedaron alevosamente en off side los kirhcneristas que gustan posar de defensores de la democracia contra el gobierno derechista de Macri.

La resolución del Ministerio de Seguridad dio bastante que hablar, reinstalando la discusión sobre el servicio militar obligatorio. Carlos Arroyo, el intendente marplatense de Cambiemos -conocido por ser un fascista confeso- ganó un lugar en los medios con su reclamo en pos de que vuelva la colimba, incluso para las mujeres y hasta para los discapacitados, a quienes “les daría un motivo para vivir”. Según él, gracias al servicio militar los jóvenes “aprenderían a tener orden, a tener disciplina, a levantarse a la misma hora, a comer, a bañarse todos los días, a lavarse la ropa llegado el caso, a hacer una cama”. Sin perdernos en el dejo delirante y denigrante de estas afirmaciones, hay ciertos puntos de contacto con diferentes iniciativas que ensayaron o intentaron ensayar personeros que se encuentran a ambos lados de “la grieta”.

El diario Clarín (17/7) publicó una columna del radical Julio Cobos, donde rescata el proyecto en el que se habría inspirado este Servicio Cívico, implementado en Mendoza cuando éste era gobernador. Según reseña, para terminar el colegio 4.000 jóvenes asistieron todos los días a jornadas doble turno en establecimientos del Ejército y la Fuerza Aérea, y fueron utilizados como mano de obra barata en “escuelas, hospitales e instituciones de todo tipo (que) se vieron favorecidas con tareas de soldadura, carpintería, electricidad, costura industrial, etcétera”. Es decir, usaron a estos jóvenes para suplir el desfinanciamiento estatal.

El Servicio comenzó a implementarse en 2005, dos años antes de que fuera elegido como compañero de fórmula presidencial de Cristina Krichner, y recién fue dado de baja por el gobernador peronista Celso Jaque a fines de 2008, después de que Cobos rompiera con los K durante la crisis del campo.

En 2010, un proyecto de ley para extender ese Servicio a todo el país fue aprobado en el Senado, si bien no prosperó luego en Diputados. De todas maneras, no era la primera vez que en el Congreso se trataban normas de este tipo, después de que en 1995 se pusiera fin a la colimba tras la crisis política y las movilizaciones en todo el país –en particular estudiantiles- que se produjeron como reacción a la muerte de Omar Carrasco, producto de los maltratos y torturas que recibió durante su conscripción en Zapala, Neuquén.

En 2002, luego de las movilizaciones de masas que siguieron al asesinato de los jóvenes piqueteros Kosteki y Santillán, el entonces gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Felipe Solá -que ahora forma parte del armado de los Fernández- anunció la creación de una “colimba educativa” para quienes dejaran el polimodal (la última etapa de lo que hoy es la enseñanza secundaria). La iniciativa naufragó como consecuencia de la crisis que generó el fallecimiento del joven Segundo Cazanave mientras estudiaba en la Escuela de Suboficiales General Lemos, por los maltratos y vejaciones sufridos en Campo de Mayo.

Con todo, meses después seguían en debate en el Congreso varios proyectos legislativos que buscaban la reinstalación del servicio militar obligatorio, entre ellos uno de Jorge Capitanich, ex jefe de gabinete de CFK y actualmente candidato a gobernador de Chaco por el Frente para Todos. Lo mismo reclamaba públicamente, un año antes, el “padre de la democracia”, Raúl Alfonsín, ante el imparable ascenso popular que derivó luego en el Argentinazo.

Como se ve, la militarización de la juventud nunca dejó de estar en la agenda de los partidos patronales de la democracia argentina, sobre todo cuando las crisis políticas y económicas originan grandes luchas y movilizaciones populares. El disciplinamiento y la regimentación son para el Estado baluartes ante el camino sin salida que ofrecen a los jóvenes, sobre la base de la destrucción educativa y la precarización laboral. Cuando Bullrich asegura que “la Gendarmería es la institución más valorada de nuestro país (…) más que la educación pública y la universidad”, está expresando, sobre todo, hacia dónde apunta la política del gobierno.

La juventud que protagonizó movilizaciones monumentales contra el 2x1 a los genocidas y el asesinato de Santiago Maldonado, la de la ola verde y la rebelión universitaria, tiene sin dudas enormes reservas de lucha para derrotar esta política, venga en el futuro de los Macri o de los Fernández.

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