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29 de junio de 2020

La campaña “inclusiva” de Calvin Klein: el pinkwashing de las patronales

Por
Jimena Zaidman y Franco Cascini Agrupación LGBTI 1969

Junio es el mes del orgullo internacional, ya que en el día 28 del mismo se conmemora la rebelión de Stonewall, una revuelta contra la represión policial y la opresión de este sistema hacia las personas LGBTI+.

A esta tradición de lucha, el sistema capitalista le ha opuesto a lo largo de los años una campaña asimilacionista, buscando mostrar cómo podría existir un “capitalismo inclusivo”, convirtiendo en muchos países a la marcha del orgullo -originada de una rebelión contra este sistema- en un desfile corporativo de empresas “LGBT+ Friendly”. Sin irse muy lejos, la cervecera Brahma tuvo su propio camión en la marcha del orgullo argentina el año pasado.

Operaciones como esas no se quedan solo en el 28: a lo largo del mes se desarrollan diferentes campañas de las empresas, con el fin de aumentar sus ventas y lavar su imagen, apelando a un marketing "inclusivo" y "plural". A estas estrategias de marketing de parte de las compañías, apelando a la simpatía del colectivo LGBTI con el objetivo de ser vistas como progresistas, se les llama "pinkwashing" (lavado rosa).

Así, los diferentes sitios oficiales de las marcas cambian temporalmente: la corporación tecnológica IBM se pinta de los colores de la comunidad para demostrar su "apoyo"; y Adidas y Nike lanzan ediciones limitadas y especiales de zapatillas con otros colores y dibujos alusivos, usan frases de "orgullo" y citan activistas con el propósito de "visibilizar".

Este año el premio a la mejor estrategia de marketing de pinkwashing se lo llevó la empresa de indumentaria Calvin Klein, que, en el contexto de la rebelión en EE.UU., colocó una gigantografía en medio de Nueva York de Jari Jones -una mujer afrodescendiente transexual, lesbiana y de una corporalidad no hegemónica- utilizando indumentaria de la empresa. Esta imagen se viralizó en las redes sociales de todo el mundo como un ejemplo a seguir.

Vale apuntar, por un lado, hacia quién está dirigida esta publicidad, que con seguridad no es la comunidad que se muestra en la publicidad. Este “capitalismo inclusivo” no lo es para la clase trabajadora, generalmente imposibilitada de acceder a la indumentaria de estas marcas por sus altos costos. Lo mismo sucede con todo el mercado que se genera alrededor de la comunidad LGBT+.

Por otro lado, mientras estas empresas lucran con la imagen de este colectivo, no lo tienen en cuenta a la hora de proporcionar un empleo. La situación de la comunidad travesti-trans en Argentina, con un 80% de desempleo y la mayoría del 20% restante con trabajos informal, se replica o empeora a lo largo del mundo. Calvin Klein, que cuenta con fábricas en China, se ha beneficiado largamente de sus relaciones con el gobierno del país asiático, que mantiene la prohibición del matrimonio entre parejas del mismo género -y ni hablemos de los derechos de la comunidad travesti-trans. El Ejecutivo de Xi Jingping no solo salió en apoyo de la marca anunciando sanciones contra los falsificadores de sus productos (Fashion United, 12/11/18); más aún, hay denuncias de que ha nutrido a los proveedores de la “marca inclusiva” de mano de obra esclava del grupo étnico uigur, transferido a las fábricas desde los “centros de reeducación” (cárceles) del gobierno (La Vanguardia, 2/3/20). La marca también tienen denuncias por utilización de trabajo esclavo en India.

No se puede esperar mucho de empresas que en junio son “inclusivas”, cuando mantienen trabajo esclavo o en condiciones que rozan el mismo. En las fábricas de Nike, Puma y Adidas, por ejemplo, las trabajadoras son obligadas a hacerse tests de embarazo y en el caso de no pasarlo quedan despedidas. Los salarios de por sí son más bajos de lo reglamentariamente establecido. No se cumplen las normas de salud en cuanto a la manipulación de productos tóxicos y medidas de prevención de riesgos laborales. Burlan las normas relacionadas al horario de trabajo, y así una infinidad de políticas contra los derechos de les trabajadores.

Si lo que buscamos es una inclusión real, debemos terminar con estas condiciones de trabajo infrahumanas, y luchar por trabajo formal para les compañeres travesti-trans. Además de la inclusión laboral, una inclusión en los sistemas de educación y salud pública donde puedan realizar sus tratamientos hormonales sin que sean desfinanciados por el Estado, y una Educación Sexual, Laica y Científica que incluya a la diversidad sexual y de género. Donde cada une sea respetade por su género autopercibido y nombre, donde no seamos criminalizades por las fuerzas de seguridad estatales.

Sabemos que para que esto sea posible tenemos que organizarnos junto a la clase trabajadora, que estas mismas empresas explotan, para terminar con este régimen de opresión capitalista que nos discrimina y oprime.

 

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