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28 de junio de 2018

Día internacional del orgullo LGTB en medio de un Mundial ruso caracterizado por la persecución a las minorías

Suena paradójico que se celebre una vez más el día internacional del orgullo LGTB mientras se juega el Mundial de Fútbol en Rusia, uno de los lugares más peligrosos para la comunidad. Es que el gobierno de Vladimir Putin lleva a cabo una política reaccionaria sobre la mujer y las minorías de género que tienen su origen en la política del estalinismo hacia esos sectores. Una regresión de características históricas ya que la revolución de Octubre había despenalizado la “sodomía”, además de haber otorgado el primer matrimonio igualitario de la era contemporánea en 1922.

Un video que circuló en YouTube muestra el hostigamiento que sufre una pareja gay al caminar de la mano por las calles de Moscú. Sin embargo, esta no es una actitud individual de intolerancia, sino que Putin mismo impulsó leyes penales contra quienes “impulsaran la homosexualidad”. No sólo eso, sino que en Chechenia, una ex república soviética asociada al gobierno putinista, se ha denunciado la existencia de campos de concentración para confinar a hombres gay. El presidente Ramzav Kadirov declaró que “no existen” homosexuales en su país.

Si se creyera que la situación es mejor debido a cierto aire cosmopolita en la Federación Rusa, se debe conocer que en 2006 y 2007 las marchas del orgullo fueron prohibidas y que las que se produjeron con posterioridad fueron atacadas violentamente por grupos fascistas. Es común que en las redes sociales audiovisuales rusas se torture a jóvenes gays. El activista LGTB británico Peter Tatcher fue detenido por protestar contra esta persecución durante este Mundial de fútbol.

No siempre fue así. La revolución dirigida por los bolcheviques despenalizó la homosexualidad y el código penal que elaboraron los eseristas de izquierda -los cuales formaron parte del gobierno en la primera parte de la revolución- estableció que las relaciones consentidas entre hombres se consideraban como tales a partir de los quince años.

La reacción estalinista, que estableció que el rol de la mujer rusa era el de madre, también se volcó contra los homosexuales y en 1933 estableció penas de hasta 12 años de trabajos forzados en el gulag. Existen testimonios en los juicios de Moscú, momento más álgido de la represión contra los revolucionarios bolcheviques por parte de la burocracia estalinista, sobre “confesiones” de homosexualidad, tal como sostiene el libro Homosexualidad y revolución, de Dan Healey, publicado recientemente por Final Abierto. Se estima que doscientos cincuenta mil homosexuales pasaron por el gulag.

Cuánta diferencia a cuando en 1922 el Comisariado del Pueblo de una ciudad de provincias legalizó el matrimonio entre Evgenia Fedorovna y “S”, cuando los vecinos reportaron que Evgenia -que era una oficial de la GPU de la división de requisa de bienes eclesiales y que se hacía llamar Evgeni Fedorovich. El Comisariado comprendió que la relación de las dos mujeres era consentida y les otorgó la constancia de casamiento, en lo que podría ser el primer caso de “matrimonio igualitario” de la era moderna. También le otorgó pasaporte con nombre femenino a la paciente “S.”, una mujer travesti, y la eximió de realizar el servicio militar.

Ya  bajo el stalinismo el escritor Máximo Gorki, autor de La madre, había escrito a pedido de Stalin la invectiva “Humanismo proletario” en la que proclamaba: “Acaben con los homosexuales y el fascismo desaparecerá”. Healey señala que el Partido Comunista Alemán atacaba como “homosexuales” a los “nazis”, que habían tenido escándalos en su seno por prácticas homoeróticas –tal era el caso de Ernst Röhm, jefe de las SA, liquidadas durante la “noche de los cuchillos largos”, quien no ocultaba su homosexualidad–, y que los nazis perseguían a los comunistas con el mismo mote. Magnus Hircshfield, uno de los científicos que abogaba por la despenalización de la homosexualidad, había visto destruido su Comité Científico Humanitario por las hordas fascistas.

En 1993, Boris Yelstin despenalizó la homosexualidad, pero así como la restauración capitalista heredó las peores características del estalinismo, esta situación no fue revertida por los regímenes restauracionistas que lo sucedieron. A 49 años de la revuelta de Stonewall, que marcó un hito en New York en la lucha por los derechos de las minorías sexuales, es imperioso luchar contra la reacción restauracionista e instituir un régimen social conducido por la clase obrera que destierre para siempre toda forma de discriminación y violencia hacia la comunidad LGTB.

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