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14 de marzo de 2019

Seis años de Papa Francisco: la crisis de la Iglesia continúa

Entre los escándalos de abusos y el fracaso de las mediaciones internacionales

Jorge Bergoglio cumplió su sexto año al mando del Vaticano sin muchos festejos. Le tocó la misión de capitanear una crisis histórica de la Iglesia, que llevó a la renuncia inédita de Benedicto XVI, pero esta sigue en pleno desenvolvimiento; y en política internacional, Francisco tiene pocas medallas para exhibir.

Mediaciones

Durante su gestión, Bergoglio ofreció a la Iglesia como mediadora en Colombia, Venezuela, Cuba y Medio Oriente; estas gestiones sintonizaban con una vertiente del imperialismo norteamericano, encabezada por Barack Obama.

El balance de esta política ha sido un fracaso. Las negociaciones “de paz” entre el Estado colombiano y la guerrilla, bendecidas por el Vaticano, naufragaron con el rechazo a las mismas en un plebiscito nacional, la consagración presidencial de Iván Duque (crítico del acuerdo) y la continuidad de matanzas contra los activistas sociales en el país. La intervención de Bergoglio tampoco tuvo efectos en el conflicto palestino, donde el Estado de Israel sigue multiplicando las matanzas. El Vaticano operó para el acercamiento ente Raúl Castro y Obama, cuando el imperialismo yanqui tomó la iniciativa ante el fracaso de medio siglo de bloqueo económico (que nunca levantó) en función de explotar la restauración capitalista de la isla; finalmente, Trump sepultó el acuerdo en 2017.

El Vaticano también se postuló como mediador en sucesivas ocasiones, todas fallidas, en Venezuela. En estos días de terremoto, Francisco nuevamente ofreció sus servicios, sujeto a un acuerdo del régimen chavista y la oposición golpista, rogando “al Señor que se busque y se logre una solución justa y pacífica para superar la crisis”. En una carta dirigida a Maduro –en la que no se refiere a este como presidente de Venezuela– reconoce el fracaso de gestiones anteriores ("lo que se acordó en las reuniones no fue seguido por acciones concretas") y subraya "la necesidad de evitar cualquier forma de derramamiento de sangre". En el lenguaje de los ateos, que abona la línea del imperialismo europeo de un relevo “ordenado” del fracasado gobierno nacionalista, diferente a la intervención militar promovida por Trump, que aquellos consideran –y así lo comparten gran parte de los gobiernos de la región, incluso los más alineados con los yanquis– una aventura de consecuencias imprevisibles.

Abusos, internas, entuertos financieros

Pero uno de los flancos más complejos de la crisis del clero no es el de la política internacional sino su propia podredumbre interna. De 2013 a esta parte, las denuncias a clérigos por abuso sexual a menores y monjas no han hecho más que multiplicarse, hasta comprometer al mismo Francisco en maniobras de ocultamiento y encubrimiento. La Iglesia ha pagado cantidades fabulosas de dinero para indemnizar a las víctimas o, incluso, acallar las denuncias. La denuncia contra estos crímenes aberrantes ocupa un lugar importante en el vigoroso movimiento de mujeres que se desenvuelve en todo el mundo. La reciente Cumbre sobre abusos, una respuesta defensiva del Vaticano inflada por varios medios como una acción histórica, dejó a todos descontentos. Las organizaciones de víctimas denuncian la ausencia de resoluciones concretas, entre ellas la derivación inmediata de los denunciados a la justicia civil –es decir, el intento de dejar todo ´en casa´ y mantener el entramado de encubrimiento.

Por su parte, los sectores ultraderechistas del clero, enfrentados a Francisco, presentan las conclusiones de la cumbre como un ataque a los privilegios episcopales por culpa de los “homosexuales”. La guerra de camarillas, que Ratzinger no pudo contener y llevó a la búsqueda de este nuevo papa “traído del fin del mundo”, continúa.

Francisco, vale señalar, reintrodujo en el redil a uno de los grupos más oscurantistas de esta institución, como los Legionarios de Cristo.

Enjuagues financieros

Con menos publicidad, continúan los entreveros en el banco del Vaticano (IOR), cuya quiebra y manejos espurios –operaciones con la mafia, lavado de dinero, negociados de la cúpula “romana”– tuvieron una influencia no menor en la partida anticipada de Ratzinger. La entidad anunció en mayo de 2016 que había completado una “profunda obra de saneamiento” con el cierre de 5 mil cuentas bancarias. Pero a principios de 2017, un artículo del diario Il Giornale señalaba que “‘las cuentas que cuentan son aproximadamente treinta (según informan a este diario fuentes del Vaticano) y hasta que no se toquen, no habrá limpieza’. También se habla de dinero negro, paraísos fiscales y cuentas relacionadas con los servicios secretos estadounidenses”. El auditor designado en el banco renunció a mediados de ese año, tras lo cual denunció haberlo hecho por amenazas.

En este cuadro de descrédito, continúa la pérdida de fieles en todo el mundo –con excepción de África–, ya sea por el pasaje a cultos evangélicos o abandono del catolicismo o de toda religión. En Irlanda, uno de los países con más católicos declarados del mundo, el año pasado fue repudiada la visita de Francisco por los casos de abusos, y aprobado en un plebiscito el aborto legal. La Iglesia aparece más debilitada para su misión histórica, la de predicar la sumisión de las mayorías y contener las luchas populares contra la opresión capitalista.

En su cumpleaños de seis, el papado de Francisco tiene poco y nada para festejar.

 

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