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31 de enero de 2019 | #1536

Respondamos al bloqueo de Trump contra Venezuela

Amenaza de intervención militar

Trump acaba de adoptar las medidas más extremas contra Venezuela, si se exceptúa la agresión militar. Por un lado, ha bloqueado los activos del Estado venezolano en Estados Unidos, lo cual no excluye a los que se encuentran en el resto del mundo, debido al derecho de veto que se atribuye Estados Unidos sobre todas las transacciones internacionales nominadas en dólares. El bloqueo de los activos de Venezuela por parte de Estados Unidos significa, de inmediato, el bloqueo de la venta de petróleo de Venezuela a las refinadoras con sede en Estados Unidos, ya que retiene la contrapartida en dinero que deben pagar los importadores. De igual modo, embarga la importación, por parte de Venezuela, de los aditivos químicos necesarios para el tratamiento del crudo pesado y embarga también la importación, por parte de Venezuela, de los combustibles que se refinan en Estados Unidos con el crudo venezolano -de nuevo, por el bloqueo de la transacción correspondiente.

Macri y Bolsonaro

Estas medidas colocan a la refinadora venezolana Citgo, que opera en Estados Unidos, bajo la supervisión operacional del Departamento de Justicia norteamericano, que se convierte, de hecho, en el gerente de la compañía. Esto no solamente violenta el derecho de propiedad de Venezuela (con el pretexto de resguardarla) sino también, por caso, de los derechos internacionales de empresas rusas, que poseen en 49% de Citgo en calidad de garantía o colateral por préstamos otorgados a Venezuela. La Justicia norteamericana acaba de fallar a favor del resarcimiento de la minera canadiense Cristallex, nacionalizada por el chavismo, autorizando el embargo del valor equivalente de los activos de Citgo. Las medidas violentas de Trump fueron saludadas con un alza de la cotización de la deuda externa venezolana -del 0,10 a 0,35 centavos de dólar-, por la que los acreedores no han pedido hasta ahora el defol. La deuda de vencimiento inmediato cotiza, por esta razón, al 95% de su valor de emisión la pregunta es ahora si Maduro la seguirá pagando, como lo ha venido haciendo, ¡en el marco del bloqueo!

Estas medidas contra Venezuela equivalen, de hecho y también de derecho, a una declaración de guerra. Sin embargo, han sido saludadas por los Macri y los Bolsonaro de América Latina, así como también por los Massa y los Pichetto -los mismos a quienes el kirchnerismo convoca a la unidad contra Cambiemos. Trump y sus secuaces internacionales proceden de este modo sin la hoja de parra de las Naciones Unidas, luego de que fuera derrotada, en el Consejo de Seguridad de la ONU, su moción de reconocer a Juan Guaidó como presidente ‘encargado’ de Venezuela.

¿“Elecciones libres”?

La ficción jurídica que avala esta agresión económica consiste en presentar a Juan Guaidó como el verdadero titular del Estado venezolano, sin que esto se encuentre avalado por ninguna norma constitucional. Guaidó ha ‘asumido’ sus pretendidas funciones sin siquiera el voto de la propia Asamblea Nacional. El levantamiento del bloqueo impuesto a Venezuela tendría lugar luego de que un ‘gobierno de transición’ haya convocado a ‘elecciones libres’. La falacia del planteo apenas esconde su arbitrariedad y sus intenciones reales, porque bajo las condiciones de un bloqueo, el ‘gobierno de transición’ sería, en realidad, un gobierno vasallo, y las ‘elecciones libres’ las más condicionadas de la historia moderna de cualquier país. Al final de este proceso, el imperialismo yanqui liberaría los activos de Venezuela a un gobierno títere.

Las posiciones del bloque imperialista no son homogéneas, aunque se parezcan casi como dos gotas de agua. Los yanquis y los gobiernos de derecha de América Latina exigen un ‘gobierno de transición’ encabezado por Guaidó -o sea un golpe de Estado en toda la línea. Para la Unión Europea, ese gobierno, encargado de convocar a elecciones generales, debe ser el resultado de una negociación. La diferencia no traduce solamente intereses contrapuestos, en el cuadro de sanciones económicas y bloqueos de activos que caracterizan, en parte, a la guerra económica internacional en desarrollo entre las diferentes potencias. Está presente también el temor de que un golpe de Estado y un gobierno exclusivo de Guaidó pueda desatar una guerra civil. Las divergencias políticas en el campo opositor se incrementan a medida que presienten la posibilidad de tomar el poder. Un ‘gobierno de transición’ no podría siquiera asegurar una campaña electoral si no encara el derrumbe económico de Venezuela, lo que, en el caso de Guaidó y la derecha, equivaldría a un gobierno del FMI.

El gobierno de Maduro (y en especial el Ejército) se vale de esta alternativa catastrófica para salvar un rol de arbitraje que se agota a enorme velocidad y sus cartas de negociación. En lo que parece una maniobra de guerra psicológica, el asistente de Seguridad de Trump, John Bolton, dejó fotografiar su cuaderno de notas, donde anuncia el envío de 5 mil tropas yanquis a Colombia, mientras llegaba a ese país el jefe del Comando Sur del Pentágono norteamericano. Por distante que pueda parecer una intervención militar internacional en Venezuela, ella se encuentra inscripta como una alternativa en caso de una división de la cúpula militar del chavismo. Quienes alegremente se posicionan en favor de la ‘democracia’ que alienta el proto-fascista Trump, pasan por encima de la amenaza de intervención imperialista en Venezuela y lo que ella representaría para el conjunto de América Latina.

¿“Resistencia”?

El oficialismo venezolano cuenta con el apoyo internacional de Rusia, China, Turquía, Irán y contados gobiernos latinoamericanos, pero también con el de Sudáfrica y varios de Europa del este, que se alinean con Putin o tienen una posición de compromiso con Rusia. En función de esta configuración, varios comentaristas creen ver una reproducción de la situación en Siria. En todo caso, es claro que la crisis venezolana se ha integrado a la crisis internacional y que se encuentra condicionada a negociaciones entre actores muy alejados de los intereses de Venezuela y de las masas venezolanas. América Latina se ha convertido en un campo de disputa en la guerra económica de Trump contra China y en la guerra política contra Rusia. La posibilidad de una salida para el chavismo, mediante la reorientación del comercio del petróleo hacia Asia, tiene, por lo menos, alcance limitado, de un lado por el derrumbe de la economía petrolera venezolana y del otro porque la deuda acumulada por Venezuela con Rusia y China es insustentable. La salida a la crisis de Venezuela y la derrota, por sobre todo, del bloqueo y la intervención imperialista, está condicionada a la lucha de clases a nivel internacional y especialmente en América Latina. Cada golpe que se inflija a Trump y a los gobiernos de derecha de América Latina será un refuerzo en favor de una salida anti-imperialista en Venezuela.

La intervención imperialista se ve potenciada por el derrumbe del chavismo en todos los planos, como se manifiesta en la miseria descomunal en que ha hundido a los trabajadores, en la destrucción de la industria, en la emigración forzada de millones de personas y en la pretensión de salir de esta debacle mediante la entrega de los recursos mineros a los capitales de China, Rusia y otros. Es un régimen sin salida. En los últimos días se han producido movilizaciones en los reductos chavistas contra el gobierno (Petare, oeste de Caracas) debido a la situación desesperante en que se encuentran las masas, pero sin una dirección política independiente. La expresión “Maduro resiste al imperialismo” es un eufemismo: no moviliza a las masas sino a su aparato paramilitar; no desarrolla un control colectivo y una gestión obrera de los recursos productivos, sino que busca un compromiso con el imperialismo, sea en forma directa, sea por la intermediación de Putin, Xi Jinping o Erdogan. La lucha contra la intervención imperialista no puede implicar ningún apoyo al régimen, porque debe servir como una vía de salida comandada por los trabajadores.

Cómo derrotamos al imperialismo

El llamado ‘populismo’ latinoamericano tampoco resiste al imperialismo, pues se confina a maniobrar en los foros internacionales. Aunque el caso del kirchnerismo sea el más patético, por las dos semanas de silencio de su jefa, lo mismo ocurre en Brasil y Bolivia; el uruguayo Mujica se ha pronunciado por una transición electoral en favor de la derecha. Unidad Ciudadana sacó un comunicado que repudia el “intento de golpe de Estado”, llama a una solución basada “en el diálogo y en la paz” que plantea la Unión Europea. Del otro lado se encuentran los talibanes de la democracia, a los que les resulta indiferente si ella es el producto de Trump o de una lucha de masas. Reprochan a la izquierda revolucionaria que no acompañe el reclamo político de Trump y la derecha latinoamericana, incluso si está acompañada por el bloqueo y la amenaza de intervención militar. Para este sector ‘progre’, opresión nacional o independencia; explotación y miseria capitalista, de un lado, defensa de los trabajadores, del otro, son válidos como tema de ‘discusión institucional’ -nunca como eje de una lucha de clases, huelgas generales y revoluciones sociales. Observan la crisis mundial desde las alturas de un muro.

No se puede caracterizar adecuadamente la crisis internacional acerca de Venezuela sin atender al amplio campo de la lucha de clases a nivel mundial. Los regímenes de derecha en América Latina asisten impotentes al impacto de la crisis mundial, ven caer sus apoyos en picada y enfrentan luchas populares sin respiro. Lo mismo ocurre en Francia o Hungría e India -o en México, Túnez, Sudán, Irán, Irak, China y Rusia. Trump ha sufrido reveses sucesivos, sea los propinados por sus adversarios capitalistas como por los trabajadores -huelgas docentes e industriales. El Brexit planea en forma catastrófica sobre la economía mundial. La crisis en Venezuela y los ataques del imperialismo no tienen lugar en un período de retroceso de la lucha de clases sino de viraje en la disposición de lucha, cada vez mayor, de las masas.

La crisis venezolana no es local sino internacional. Los trabajadores y la izquierda de América Latina debemos convertirla en foco estratégico de una movilización, que golpee al imperialismo y sus secuaces en cada uno de sus países, y sirva de este modo a una derrota del bloqueo internacional y la intervención militar en Venezuela.
 

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