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4 de diciembre de 2018

La rebelión educativa en Colombia que hace temblar a Duque

El pasado miércoles 26 de noviembre, las diferentes ciudades de Colombia fueron nuevamente el escenario de masivas movilizaciones estudiantiles por mayor presupuesto para la educación pública. Esta fue la novena marcha en lo que va desde el inicio del paro estudiantil universitario, que lleva ya más de cincuenta días.

Se calcula que tan solo en Bogotá se movilizaron 20 mil personas. Están convocadas marchas para el 6 y 13 de diciembre, la última acompañada del paro nacional de las centrales sindicales (El Espectador, 30/11). Las movilizaciones fueron acompañadas por sectores docentes.

De la marcha en la capital también participaron 300 estudiantes que salieron en caravana, días antes, de las universidades de Cauca, Santander y Antioquia (ídem, 20/11). Luego de caminar kilómetros desde las ciudades de Popayán, Bucaramanga y Medellín, formaron parte del Encuentro nacional de Estudiantes de educación superior de Emergencia (ENEES) convocado por la UNEES (Unión Nacional de Estudiantes de Educación Superior) y desarrollado este fin de semana, en el que hubo 2500 jóvenes, también de Tunja, Villavicencio, Manizales, la Universidad de Tolima y la Surcolombiana de Neiva. En total, hubo representantes de 57 universidades y de institutos técnicos y tecnológicos de diferentes puntos del país.

Este encuentro resolvió dar continuidad al paro por tiempo indeterminado y al plan de lucha con las movilizaciones que ya fueron anunciadas. También se repudió la represión por parte de las fuerzas de seguridad del Esmad. Los estudiantes desafían al gobierno de Iván Duque, que después de haber cerrado el presupuesto con los rectores hace unas semanas declaró que no habría más aumentos (un acuerdo del que se agarran algunas autoridades para suspender el semestre, lo cual refleja el entramado político entre estas y el gobierno). La universidad colombiana padece un desfinanciamiento crónico, mientras se destinan masivos recursos al pago de la deuda externa y al aparato represivo.

Duque sufrió la caída en picada de la aprobación hacia su gobierno en tiempo record, ya que el mismo lleva menos de un semestre como presidente. En parte, esta caída responde al escándalo Odebrecht, que está dejando a la vista un oscuro entramado de mafias arraigadas en el aparato estatal; y al naufragio de los acuerdos con las Farc, que han derivado en un recrudecimiento de la represión y los crímenes de activistas sociales en el campo.

Por lo pronto, la movilización estudiantil comienza a hacerse extensiva a más sectores en lucha contra otras de las medidas que busca implementar Duque. La principal es la reforma tributaria (Ley de Financiamiento), que en uno de sus artículos busca gravar con IVA a productos de la canasta básica que se encuentran exentos.

En una de las últimas propuestas del gobierno, se les planteó a los estudiantes el uso de dinero recaudado por el Estado a partir de dicha ley (El Tiempo, 1/12), o sea, financiar el presupuesto universitario sobre la base de la carestía alimentaria. Una impostura si se consideran las fabulosas exenciones impositivas que favorecen a los grandes empresarios.

Es necesario derrotar este ataque a la educación pública, que es extensivo a toda América Latina con los distintos recortes y las reformas que apuntan a devaluar los títulos universitarios y precarizar las condiciones laborales de los trabajadores. Es fundamental la intervención de conjunto de trabajadores y estudiantes, para lograr una salida ante las políticas anti obreras y anti educativas del gobierno.

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