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4 de diciembre de 2018

Los ´chalecos amarillos´ ganan un primer round

El gobierno francés decidió postergar por seis meses los aumentos de impuestos en los combustibles que detonaron las protestas de los Chalecos Amarillos. La irrupción de este movimiento había conmocionado a Francia y puesto en debate inclusive la continuidad de Emmanuel Macron en la presidencia. Algunos militantes del movimiento han considerado el recule oficial como apenas un paliativo. "Los franceses no quieren migajas, quieren la baguette en su totalidad", resumió uno de ellos.

Las tres jornadas de manifestaciones que reunieron hasta medio millón de personas en las calles y que reclamaron la dimisión de Macron, así como los combates callejeros y barricadas en las principales ciudades, captaron la atención de todo el mundo. Los corresponsales de los diarios se refieren insistentemente a un “clima insurreccional” en las jornadas del 1 de diciembre pasado. La beligerancia popular en el país se extiende a los estudiantes, que ocuparon cien liceos por sus propias demandas y enfrentaron la represión policial. Las mujeres también salieron masivamente a las calles por el 25N.

Eclosión

El detonante de las protestas fue el intento oficial por instaurar un aumento en el impuesto al diesel que empujaría al alza de este combustible, lo que se pretende justificar en nombre de una transición energética. Esto golpearía particularmente a trabajadores y cuentapropistas de una Francia suburbana y rural que debe realizar largos viajes en forma cotidiana. Lo que ha puesto de relieve el movimiento de los Chalecos es la fuerte pérdida del poder adquisitivo en esos sectores populares y un odio plebeyo hacia las políticas de grandes exenciones impositivas y beneficios al gran capital por parte de Macron. Esta ‘Francia interior’, “diezmada (en el último período histórico) por el cierre de viejas fábricas y comercios” (El País, 7/5/17), es lo que hizo eclosión en estas semanas.

El movimiento surgió al margen de los partidos y de los sindicatos y carece de una dirección fisonomizada. La heterogeneidad social que lo caracteriza se expresa también en sus consignas. Mientras que el reclamo contra el aumento en los combustibles y la dimisión de Macron aparecen como las consignas más sobresalientes, hay otra gran variedad de reclamos reivindicativos e inclusive políticos. Un sector, por ejemplo, reclama el reemplazo del sistema de dos vueltas (que perjudica a los partidos más chicos) por un sistema de representación proporcional. Otros reclaman la reintroducción del impuesto a las fortunas. Pero también hay pequeños empresarios que reclaman por lo que consideran elevadas cargas patronales para contratar. E inclusive durante las jornadas de protesta se produjeron algunos incidentes xenófobos y racistas.

El gobierno ha intentado explotar el apoyo al movimiento por parte de la derecha y la extrema derecha (muchas de las regiones donde éste talla son de fuerte presencia de Reagrupamiento Nacional) para demonizarlo. Pero el apoyo se extiende también a la Francia Insumisa de Jean-Luc Melenchon y al resto de la oposición. El movimiento goza de un amplio apoyo popular, según las encuestas.

El movimiento obrero

Las centrales sindicales han hecho, debido a esta presencia política de la derecha, un esfuerzo deliberado por desmarcarse de un movimiento que el secretario general de la CFDT (Laurent Berger) calificó como “totalitario”. El 1 de diciembre, mientras los chalecos se batían callejeramente con las fuerzas represivas, la CGT realizó un acto a cinco kilómetros del lugar por un aumento del salario mínimo y de las pensiones. Para el 14, ha convocado a una nueva jornada, que estará separada de las próximas protestas de los Amarillos (que no se desconvocarían pese al recule oficial). Aun así, hay sectores que expresaron su apoyo a los Chalecos. Obreros en huelga de la refinería de La Mede se unieron a algunas de las manifestaciones y también expresaron su adhesión la CGT de la Metalurgia, Sud-Industria, y FO-Transporte (Tercera Información, 27/11). 

El divisionismo de las direcciones sindicales sólo favorece a la derecha ante un movimiento que aún está en pleno desarrollo. Para evitar una involución o que se transforme en una base política de Los Republicanos o de Marine Le Pen, es decisiva precisamente la intervención de la clase obrera y de la izquierda con un planteo propio que acaudille a todas las capas explotadas.

El movimiento obrero, en buena medida por la política de la burocracia, ha sufrido dos fuertes golpes por parte de Macron. Por un lado, una reforma laboral que facilita los despidos y precariza las condiciones de trabajo. Por otro, una reforma ferroviaria que avanza en una línea de desguace y aparta a los nuevos empleados del estatuto del ferroviario. En ambos casos la clase obrera expresó su disposición a dar pelea, pero fue defraudada por una política de negociaciones con el poder y de medidas de contención y desgaste de la burocracia. Por medio de las negociaciones con ella y la política de ordenanzas-decretos, Macron pudo avanzar en su ofensiva antiobrera.

La crisis política

Afectado por el impacto de las protestas, Macron impulsa una ronda de negociaciones con los principales partidos de la oposición e inclusive con los Chalecos. Postula un debate parlamentario y se muestra proclive a pequeñas concesiones para disipar la bronca popular. Pero no se priva del recurso a la fuerza bruta: la represión y la criminalización de los cientos de detenidos en las protestas. El ministro del Interior Christophe Castaner no descartó un posible restablecimiento del estado de emergencia, aunque por el momento el gobierno no parece querer jugar esa carta.

La oposición se debate entre el temor a un descontrol de la situación y un intento de explotar la crisis en que ha ingresado el gobierno. El presidente de Los Republicanos, Laurent Wauquiez, planteó un referéndum sobre la política fiscal y ecológica del gobierno. El secretario nacional del Partido Comunista, Fabien Roussel, anunció la presentación de una moción de censura, pero Macron cuenta aún con una amplia mayoría para bloquearla. Le Pen y Melenchon, que son las figuras que se sienten más favorecidas por el desarrollo del movimiento, reclaman la disolución de la Asamblea Nacional y la convocatoria a nuevas elecciones legislativas. No obstante lo cual, Le Pen se ha distanciado expresamente de los combates callejeros y las barricadas.

El recule del gobierno podría bajar el tono de los reclamos opositores, pese a lo cual todos cuestionaron como insuficientes los anuncios, que incluyen también un congelamiento de las tarifas eléctricas para 2019.

Una salida

Macron, que hace menos de dos años barrió a los partidos tradicionales de Francia y conquistó una holgada mayoría en la Asamblea Nacional, vio derrumbarse su popularidad velozmente al calor de sus medidas a favor de la burguesía, como la supresión del impuesto a las fortunas, y los agravios de todo tipo contra las masas.

La crisis profunda de su gobierno, en una Unión Europea en que se aceleran sus tendencias disgregadoras, requiere un liderazgo urgente de los trabajadores para darle una evolución positiva.

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