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3 de noviembre de 2018

Trump y la amenaza militar a la caravana migratoria

En las vísperas de las elecciones norteamericanas, Trump redobló su ataque contra la caravana migratoria que busca arribar a los Estados Unidos. Anunció que desplegará 5 mil soldados en la frontera y que esos efectivos –que se unirán a algunos centenares de la Guardia Nacional– serán instruidos para actuar. “Si ellos [los migrantes] lanzan piedras, como hicieron contra la policía y el Ejército mexicano, les digo, consideradlo como un fusil", los adoctrinó (El País, 2/11). Unido a esto, anunció que ordenará el arresto por tiempo indefinido de los inmigrantes que crucen ilegalmente la frontera y que aquellos que crucen indocumentados no podrán solicitar asilo. También anticipó la construcción de grandes campamentos de refugiados.

La movilización militar constituye un salto en la represión. Hasta ahora, los “desbordes” migratorios se venían enfrentando con el despliegue de la Guardia Nacional, que responde a cada estado.

Como parte de esta batería de anuncios, en días previos Trump había afirmado que por medio de un decreto podría terminar con la ciudadanía para los hijos de extranjeros que nazcan en el país. La medida sería inconstitucional, porque ese derecho se encuentra garantizado por la 14° enmienda y su reforma requeriría la aprobación con dos tercios en el Congreso.

En alerta por esta tendencia bonapartista, el republicano Paul Ryan –presidente de la Cámara de Representantes– desautorizó la iniciativa. Si Trump insiste podría desatar una enorme batalla que sería definida por la Corte Suprema, en la que Trump acaba de colocar a un hombre de perfil ultraconservador. El desafío a la 14° Enmienda –incorporada tras la Guerra Civil– comporta un retroceso brutal de las libertades democráticas.

Trump ha hecho del ataque a los migrantes uno de los ejes de su campaña electoral, que incluye ribetes mesiánicos sobre el “destino glorioso” de Estados Unidos y ataques de tipo macartista. Algunos spots republicanos, por su parte, presentan a los migrantes como asesinos o delincuentes.

Los demócratas afirman que los ataques contra los migrantes son una maniobra distraccionista, pero algunos referentes del partido han expresado su apoyo al endurecimiento de la política migratoria. Cabe recordar que Obama fue bautizado como el “deportador en jefe” porque bajo su mandato fueron expulsados 3 millones de migrantes, más que en los ocho años de gobierno de Bush jr. El ataque contra los migrantes es una tendencia de fondo que expresa la impotencia del imperialismo para enfrentar una catástrofe humanitaria que él mismo engendró por medio de la militarización y el apoyo a las dictaduras genocidas y a la contrarrevolución en Centroamérica.

Sin embargo, la cuestión migratoria divide aguas en Norteamérica. Un sector de la burguesía se vale de los migrantes como fuente de mano de obra barata. Un informe en la web del Pew Research Center (abril 2017) señala que 8 millones de migrantes “no autorizados” forman parte de la fuerza laboral norteamericana. Representa sólo un 5%, pero en áreas como “ocupaciones agrícolas” asciende al 26%, y en el gremio de la construcción, al 15%.

Nuevas caravanas

Mientras se desenvuelven estos choques y debates en Estados Unidos, la caravana migratoria principal –que partió el 1 de octubre desde Honduras y se encuentra ahora en el estado de Oaxaca– ha encontrado su réplica en otras tres caravanas multitudinarias, las dos últimas con 2 mil salvadoreños.

El gobierno de Enrique Peña Nieto, en México, realiza un pertinaz trabajo para liquidar la caravana que ha sido reconocido públicamente por la vocera de la Casa Blanca, Sara Sanders. Hay denuncias que indican que el gobierno boicotea el acceso al transporte a los migrantes (La Nación, 2/11). También retacea la asistencia médica, según denuncias de organizaciones no gubernamentales (La Jornada, 2/11). El gobierno ha hecho también una vaga promesa de empleo temporal bajo la condición de previa tramitación de refugio. Pero hasta ahora, estos intentos han fracasado en diezmar las caravanas.

Los gobiernos de Honduras y Guatemala han hecho su aporte a esta tarea de liquidación por medio de un reforzamiento de sus fronteras y de la operación que culminó en la deportación desde el segundo al primer país de uno de los referentes de los migrantes.

En contraste con el hostigamiento de los gobiernos, la caravana encuentra una solidaridad popular. Un artículo de Infobae (1/11) relata la historia de cómo se movilizaron los lugareños de la humilde localidad de Niltepec, Oaxaca, para asistirlos “con sopa caliente, carpas médicas y pañales para los niños”. Los pobladores recuerdan el apoyo que ellos mismos supieron recibir de migrantes en oportunidad de un devastador terremoto ocurrido en 2017. Un corresponsal de La Jornada de México (2/11) informa de donativos de cobijas y ropas en la frontera norte, donde las fuerzas de seguridad les impiden pasar a los migrantes como parte de un entrenamiento de cara a un posible arribo de las caravanas.

Abajo la xenofobia de Trump. Por el derecho al asilo para todos los migrantes. Por la unidad de los trabajadores.

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