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31 de octubre de 2018

Repudio a Trump en su visita a la sinagoga que sufrió el atentado

Manifestantes señalaron que el discurso xenófobo del presidente alienta hechos como el tiroteo del sábado, cuando un antisemita mató a 11 personas.

Tras el tiroteo de un hombre a una sinagoga en Pittsburgh (Pensilvania), que dejó once muertos y seis heridos y ha sido calificado como “el más letal contra la comunidad judía en la historia de los Estados Unidos”, el presidente estadounidense Donald Trump visitó en la tarde del martes la ciudad, pero fue repudiado por una concentración de centenares de personas.

Los manifestantes denunciaron que crímenes de odio (tanto contra judíos como contra afroamericanos, personas LGBT, musulmanes, latinos) como el perpetrado por Robert Bowers  se ven alentados por las declaraciones y políticas del mandatario contra los migrantes, y su complicidad con el accionar de grupos supremacistas. “No es bienvenido en Pittsburgh hasta que condene públicamente el nacionalismo blanco”, señalaba una de las pancartas.

En ocasión del atentado en Charlottesville, cuando un supremacista atropelló una manifestación antifascista dejando un muerto y decenas de heridos, la reacción inicial del mandatario fue repudiar la violencia “de todos los bandos”. Grupos como el Ku Klux Klan apoyaron la candidatura del republicano y en sus listas para estas elecciones hay figuras como Arthur Jones, el candidato de esta fuerza por Illinois, que definió al Holocausto como “la mentira más grande de la historia”. O Rusell Walker, candidato por Carolina del Norte, quien dijo que “no hay nada de malo en ser racista” (Clarín, 31/7).

Desde la asunción de Trump, y al calor de la creciente actividad de grupos de extrema derecha, vienen creciendo los crímenes de odio –desde el acoso y el vandalismo hasta los atentados. En 2017, primer año de mandato del magnate, se reportaron 1.986 ataques contra la colectividad judía, un 57% más que en 2016 -el mayor incremento anual en décadas. De conjunto, los crímenes de odio por cuestiones religiosas, raciales y de género vienen creciendo sin pausa ya desde los últimos años del gobierno de Barack Obama: pasaron de 5.800 en 2015 a 6.100 en 2016.

El accionar del autor del atentado se encuentra inescindiblemente ligado al mensaje de odio que emana desde el Estado, como exhibe su actividad en Gab, una red social de la ultraderecha. Bowers escribió en Gab “¡Abre los ojos! ¡Son los sucios malos judíos los que traen a los sucios y malos musulmanes al país!“, mientras que Trump promulgó meses atrás un veto para impedir el ingreso a Estados Unidos de refugiados y migrantes musulmanes. El mandatario ha calificado la actual caminata de centroamericanos en México como una “invasión”; Bowers, en sus redes, sostuvo que debía matar judíos por ser responsables de “las masivas caravanas humanas de jóvenes de Honduras y El Salvador invadiendo” Estados Unidos.

El atentado a la sinagoga se integra también a la serie creciente de asesinatos en masa en el país, que sumaron 346 en 2017 y alcanzan, con el episodio de Pittsburgh, 294 en lo que va del año. El caldo de cultivo de esta violencia social es la ejercida por el Estado norteamericano fronteras afuera, con las masacres imperialistas en Medio Oriente (incluyendo Palestina, ya que el gobierno yanqui ha dado su aval a las masacres de Netanyahu en Gaza) y las amenazas de invasión contra otros países como Venezuela, y adentro, con fuerzas represivas pertrechadas con armas militares que ejecutan el gatillo fácil contra negros y latinos.

Con el cinismo que lo caracteriza, Trump se montó sobre el atentado a la sinagoga para plantear un reforzamiento de este escenario: sus “condolencias” por el hecho incluyeron el planteo de que “los resultados podrían haber sido mucho mejores si hubieran tenido un guardia armado” y sostuvo que “deberíamos trabajar en reforzar las leyes relacionadas con la pena de muerte”. Del lado demócrata, se ha buscado explotar el hecho en función de las elecciones del 6 volviendo sobre el problema del control de armas.

El valor de las concentraciones en Pittsburgh contra Trump es que oponen al accionar de los elementos ultraderechistas la movilización popular.

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