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7 de julio de 2019

Dark y el enigma del tiempo

La ciencia, el cambio y el mito del eterno retorno en la serie de Netflix, que estrenó recientemente su segunda temporada.

Con el reciente lanzamiento de la segunda temporada de Dark, que se transmite a través  de la plataforma de Netflix, vuelve al acceso de los espectadores una producción que supo disparar un interrogante fundamental para quienes gozan de escudriñar nuestra propia existencia y la naturaleza del universo: ¿Qué es el tiempo?

La trama ocurre en un poblado alemán signado por un acontecimiento nuclear que ha producido una apertura en el entramado del espacio-tiempo que daría lugar a desplazamientos al pasado y al futuro, siempre en los marcos de ciclos de 33 años, lo que termina por configurar la desaparición de distintos personajes de la historia y al entrelazamiento de los sucesos temporales sin que importe un orden lógico en su consecución. Así, los actos del futuro serían determinantes para lo que ocurre en el pasado, dando un aspecto más intrincado del tiempo, lejos de la percepción intuitiva de que el mismo fluye hacia adelante invariablemente.

La serie confunde por momentos incorporando lenguaje y conceptos científicos antojadizamente, lo que parece más bien un recurso de los guionistas para darle mayor credibilidad a la historia.

El eterno retorno

Si bien esta concepción del tiempo se presenta como un argumento atractivo que ofrece una interpretación alternativa de cómo se construye la realidad, la serie combina aportes científicos destacados (como la Teoría de la Relatividad de Einstein) con el predominio de una filosofía cíclica y determinista donde no existe posibilidad de transformar la realidad, ni modificar los sucesos. 

Los ciclos se sucederían uno tras otros hasta producirse un hecho desencadenante que reiniciara el proceso desde un principio. Lo más similar a esto en física sería la teoría del Big Crunch, que postula que en un momento nuestro universo dejaría de expandirse para comenzar a contraerse hasta llegar a un punto de singularidad que daría lugar a una nueva explosión del tipo del Big Bang. Sin embargo, hasta ahora, no hay evidencia científica de que el universo fuera a contraerse, mientras su expansión continúa acelerándose. Y mucho menos de que esto ocurra en ciclos tan cortos como lo describe la serie.

Dark nos ofrece una versión de la realidad donde el tiempo es transitable y cuyos acontecimientos hay que tratar de entenderlos como una totalidad más allá del instante en el que se hayan producido. Esta versión de las cosas es sumamente interesante, ya que para la teoría de la relatividad todos contamos con una percepción propia de los sucesos y cada acontecimiento arrojará un resultado relativo a cada observador. El tiempo no es una variable inalterable que domina el universo, sino que las personas, objetos y partículas están sincronizados a su propio tiempo, el cual depende de su velocidad y las fuerzas que intervienen en su entorno. Sin embargo el espacio-tiempo medido como un bloque de conjunto es absoluto.

Pasado, presente y futuro, son representados como ficciones arbitrarias de la conciencia humana, lo cual en principio se corresponde con las leyes de la física. Sin embargo en Dark esta idea es puesta en función de una especie del determinismo laplaciano, el cual establece que dadas todas las condiciones de un instante cualquiera, un conjunto completo de leyes determina totalmente tanto el futuro como el pasado. Bajo esta hipótesis el curso de los acontecimientos ya estaría preestablecido, el destino es quien guía las voluntades y nosotros solo podemos asistir al espectáculo, lo cual arroja el interrogante de quién está tras bastidores.

La mecánica cuántica entra en directa colisión con esas interpretaciones debido al Principio de Incertidumbre que impide determinar la velocidad y la posición de una partícula para un mismo instante, y con otros experimentos que hacen presumir que el solo hecho de la observación puede dar lugar a alterar acontecimientos de un pasado lejano.

La gran virtud de Dark es recordarnos que el tiempo no es ese fluir constante y consecutivo que todos suponemos intuitivamente, cuya idea predominó en la humanidad hasta entrado el siglo XX. La línea de tiempo no es más que una construcción de nuestra conciencia que solo es capaz de recordar el pasado, pero olvida el futuro, de allí que ordene las cosas a partir de una secuencia lógica para nuestro entendimiento. Esto es abonado también por el principio de entropía que establece que los procesos cambian desde una configuración ordenada a una desordenada: es normal ver que las cosas se rompan pero mucho menos usual, e improbable, es ver que las mismas se recompongan, aunque esto no sea imposible, ni viole ninguna ley de la física. Esta probabilidad fija en nuestra comprensión la dirección de la flecha del tiempo.

El enigma del tiempo aún permanecerá intacto hasta que logremos dar con una Teoría del Todo que unifique el entendimiento de las distintas fuerzas y sus leyes en una comprensión más acabada de nuestra existencia y de la existencia.

La burguesía eterna

La mecánica del tiempo en Dark parece influida por la concepción de la dinámica social que ofrece la clase capitalista. La consecución de ciclos en una eterna reiteración de sucesos hace pensar una idea de los ciclos de reproducción del capital cuya naturaleza permanecería, pese a los cambios, invariable.

Como para el sujeto alienado en el mundo capitalista, la realidad en la serie aparece dominada por sus propias leyes, que escapan al control del individuo y la sociedad, y donde su desenvolvimiento se produce en un curso natural y fatalista de las cosas. Más allá de lo intrincado de las combinaciones, lo estático predomina sobre lo dinámico, para así señalarnos que todo impulso transformador no es más que un catalizador para dar inicio a un nuevo (viejo) episodio de la misma historia: tras el colapso y el caos no hay más que el reinicio de un nuevo ciclo de acumulación, la historia debe repetirse hasta la eternidad. Así las cosas, Dark encuentra su fundamento para una teoría estática del eterno retorno, paradójicamente, en un régimen que ha acelerado como ningún otro las transformaciones sociales.

Lejos de esta visión, nuestra existencia se encuentra atravesada por las leyes del movimiento y el cambio. Nuestra intervención transforma la realidad, tanto como la realidad determina nuestra existencia. Nada permanece eterno. En definitiva, como sentenció un filósofo, “todo lo que existe merece perecer”.

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