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1 de diciembre de 2018

G20 en el Colón: La danza de la precarización laboral

Sin la participación de sus artistas estables, un espectáculo que causó polémica por sus escasas virtudes expuso la precariedad de los trabajadores de la cultura.

Los mandatarios imperialistas que visitaron al país, ya que en la Argentina recayó la organización del G20, fueron homenajeados con una gala en el teatro Colón, cuya valoración fue objeto de polémicas ya que expertos y público en general le atribuyeron escaso gusto estético. Sin embargo, más allá del debate sobre la puesta en escena de Argentum, creada por Ricky Pashkus y cuya idea se atribuyera el presidente Macri (“it’s my idea, other’s production, but my idea” [“Es mi idea,la produjeron otros, pero es mi idea”], dijo en las sesiones del G20), la velada mostró los alcances de la precarización laboral realizada por el gobierno.

El espectáculo no estuvo a cargo de los prestigiosos cuerpos estables de la casa sino que tuvo como protagonistas a trabajadores del arte precarizados. Pashkus dijo en un programa de televisión que los elegidos “solo tenían que saber bailar algo”. Es probable que haya pesado en la decisión de contratar a personal externo el temor a una medida de fuerza de los trabajadores estables del Colón, que sufren las condiciones de una paritaria ruinosa que no cubre sino la mitad de la inflación proyectada para este 2018 y que ya han realizado numerosas protestas por esta causa.

Para evitar ese posible incordio, Pashkus realizó un casting de artistas para participar de su Argentum y los seleccionados debieron realizar ensayos seis días a la semana durante 8 horas con 40 minutos por jornada en ¡Tecnópolis! y por salarios que fueron entre 15 mil pesos para la mayor parte del staff y 22 mil para los jefes de grupo. Una verdadera estafa laboral comandada por Gabriela Ricardes, mano derecha del titular de medios públicos Hernán Lombardi. Ricardes, según publicó una bailarina del Ballet Folklórico Nacional en su muro de Facebook, Ricardes actuó como una patrona de estancia. En contraveniencia con la ley, los artistas no firmaron contratos hasta ya entradas las sesiones de ensayos y al ver las draconianas condiciones, Ricardes decía: “El que quiere quedar, firma; el que no, vaya y cobra los días ensayados”. Una patrona macrista humilladora de los trabajadores.

A pesar de ensayar en Tecnópolis, sobre la avenida General Paz, los trabajadores seleccionados no recibieron viáticos para el transporte ni almuerzo, que debían llevar en tuppers ya que no hay en medio de la ruta lugares donde comprar nada en los horarios de descanso.

Nota aparte merece el sindicato de Artistas de Variedades que, sumiso, se sometió y permitió el sometimiento de los trabajadores a las condiciones establecidas por Lombardi y Ricardes, la lacaya de látigo en mano en el campo de la cultura.

El show realizado en el Colón terminó con el grito de: “¡Argentina, Argentina!”, que emocionó al presidente. Una postal de los tiempos: esa es la Argentina que quieren imponer. Con trabajadores precarizados, sin derechos laborales, humillados y en rendición de pleitesía al imperialismo.

Las condiciones laborales impuestas a los artistas que participaron de la gala en el Colón resumen el contenido social del G20.

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G20

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