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21 de septiembre de 2018

(Des)encanto: el creador de Los Simpson agota las tres dimensiones del tiempo

Protagonizada por una princesa irreverente, la nueva serie de Matt Groening vuelca su clásica ironía y una mirada ácida sobre el mundo medieval.

Con el mismo nombre que en nuestro país lleva uno de los grandes tangos de Enrique Santos Discépolo, se estrenó hace unas semanas la nueva serie de Matt Groening, el creador de Los Simpson y Futurama. (Des)encanto, con una primera saga de diez episodios y otra por estrenarse en 2019, está ambientada en el Medioevo y relata las desventuras de una princesa del reino de Dreamland (Bean) y sus dos amigos, un Elfo (criatura mitológica) y un demonio llamado Luci.

Groening agota, con esta serie, las tres dimensiones del tiempo: si Los Simpsons es un relato de la vida contemporánea y Futurama un universo distópico en el año 3000, Desencanto se hunde en el pasado para bucear en su oscuridad y su magia. Comparte con las otras series el mismo sello humorístico, pero se concentra más en desenvolver el hilo narrativo de una “gran historia”, en palabras de Groening.

En general, la crítica recibió con dureza a la serie, en buena medida porque le aplicó la exigente vara de las primeras temporadas de Los Simpson. Algunos han dicho que los personajes están estereotipados y otro crítico afirma que “en la primera temporada de 10 episodios no brilla la crítica social que utilizaba la familia amarilla” (El País, 20/8).

La afirmación de la ausencia de una crítica social debe ser matizada, ya que una de las constantes de la serie es la opresión y miseria campesina. Los campesinos viven en casas miserables, andan harapientos por las calles y su cosecha es confiscada por el rey. “Somos gente humilde, no tenemos nombre. Dígame campesino”, le explica uno de los pobladores al Elfo cuando éste desembarca en Dreamland. Están completamente sometidos a los caprichos y veleidades de la corona.

El Elfo en cuestión es protagonista también de una ácida parábola, al rebelarse contra el conformista reino de felicidad y fantasía en que vive y terminar por ello desterrado. Elfo desafía el Código de la Alegría y quiere “aprender verdades amargas”, quiere ver el mundo como realmente es.

Otro punto fuerte de la serie es la presencia de la princesa Bean en un convento, “nuestra señora de la castidad infinita”, al que es arrojada como castigo por realizar una fiesta en el castillo real. En ese lugar ascético las monjas duermen en losas de granito y sorben al unísono su sopa de agua de hervor de salchichas. La princesa también termina expulsada de allí.

La serie tiene otros personajes interesantes, como un heredero tonto y malcriado y un rey cruel y arbitrario. Obsesionado con el “elixir de la vida”, organiza expediciones para conseguirlo al costo de varios hombres. Pero, como enseña Malfus el filósofo, un personaje secundario que lo ha bebido, “la inmortalidad es insensatez. Quienes aspiran a ella pierden de vista lo que es valioso y tienen delante, la vida diaria”. El elixir de la vida, al desafiar la transitoriedad de las cosas, conduce paradójicamente a la desventura, a la monotonía y la repetición.

Por estas cuestiones, y la persistencia de la marca de Groening en los dibujos y en el humor, la serie (Des)encanto –que puede verse en Netflix- merece al menos un vistazo.

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