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21 de agosto de 2018

No es la corrupción, estúpido: es Wall Street

La serie Billions aborda la anatomía del poder financiero, los bajos fondos de la Bolsa y los hilos que lo unen al aparato judicial y político.
Por Dylan

Salvo el poder todo es ilusión, decía Lenin. Billions -creada por Brian Koppelman, David Levien y Andrew Ross Sorkin, con tres temporadas emitidas- es sobre todo una serie sobre el poder financiero, los bajos fondos de Wall Street y los hilos que lo unen al aparato judicial y político, en un escenario post crisis de Lehman Brothers y las hipotecas subprime. 

El relato se construye como thriller: una disputa de poder entre Chuck Rhoades (el actor Paul Giamatti), fiscal del Distrito Sur de Nueva York, y el multimillonario Bobby Axelrod (Damian Lewis), dueño de un fondo de inversión -Axe Capital- quien asciende en forma astronómica sobre la base del 11-S y la muerte de sus socios. 

La trama toma ángulos de Western con el tercer personaje central de la serie -Wendy Rhoades (Maggie Siff), la esposa de Chuck- quien trabaja como asesora psicológica en el departamento de Recursos Humanos de la financiera de Axelrod. Su trabajo consiste en que los traders de Axe Capital mantengan su comportamiento sangriento en las finanzas.

Con ella como excusa de rivalidad -quien centraliza el factor erótico de la serie, pero no tiene un rol pasivo, sino que es otra figura de poder- se elevará la despiadada lucha entre el fiscal y el magnate joven, fanático de Metallica y “hecho de abajo”. Serán cazador y tiburón, cambiando roles a la vez, devorando todo en el camino.

Esa disputa tendrá los modos de la clandestinidad: chantajes, espionaje, tráfico de informaciones (para saber si invertir o no en una firma), amenazas, sobornos. Pero lo interesante de la serie es la exposición de los mecanismos legales donde se entrecruzan lo financiero, lo político y lo judicial. Como dijo el actor Damian Lewis -quien produce un extraordinario viraje a su personaje de Brody en Homeland: “en la realidad sabemos que la mitad de los que forman el mundo de Axelrod dirigen hoy el gobierno federal”. 

El trabajo de la serie de Showtime (emitida por Netflix) es muy sutil respecto a los intertextos de películas -como las referencias a El Padrino-, la elección de la música de los capítulos e incluso en los vestuarios: como señaló en un artículo The Wall Street Journal, el personaje de Axelrod capta los nuevos códigos de vestimenta del mundo de las finanzas. La tercera temporada cobrará otro vuelo con la incorporación del papel de Taylor (Asia Kate Dillon), una brillante analista de género no binario. 

En tiempos donde las pulsaciones de la economía mundial -su terapia intensiva- pasan por los dictámenes de las tasas de la Reserva Federal, las guerras comerciales, los efectos sobre Wall Street y el derrumbe en dominó de las economías emergentes como la turca y la argentina, es interesante abordar la serie y la anatomía de la Bolsa para la comprensión de que no es un problema de corrupción, sino de la propia naturaleza del sistema. Como dijo Bertolt Brecht: peor que robar un banco es fundarlo.

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