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16 de agosto de 2018

Se fue Aretha Franklin, una gran voz que se volvió bandera

La talentosísima cantante falleció esta mañana, a los 76 años. Sus críticas sociales y su versión de la canción Respect, abrazada como un himno por la “segunda ola del feminismo”.

Ha muerto Aretha. Una mujer atravesada por todas las contradicciones de este último siglo. Una voz y una actitud escenográfica superlativas la colocaron como la reina del soul y la primera mujer (¡y negra!) en ingresar al salón de la fama en Estados Unidos.

Hija de un pastor evangélico, ya tocaba el piano y deslumbraba con su pequeña voz a los siete años en la iglesia de su padre, como parte de un show importante por el que se pagaban grandes sumas de dinero como entrada.

A los doce años fue madre. Y lo fue nuevamente antes de cumplir los quince. Es decir, violada y obligada a parir dos veces siendo una niña y bajo el amparo de la Iglesia.

Ya con dos pequeños hijos y explotada en los shows de su padre, Aretha escapa con un proxeneta que ejercerá sobre ella todo tipo de violencia, aunque comprenda que el gran negocio será vender su voz, antes que su cuerpo.

Es en este tiempo que Aretha graba Respect (canción original de Otis Redding), cuya letra reza que “Todo lo que pido es algo de respeto cuando llegues a casa”, y que se convierte a través de su versión en uno de los más importantes ‘himnos’ de la segunda ola feminista de Estados Unidos. Aquella que arrancó la legalización del aborto, se organizaba en reclamo de “respect”, pero Aretha solo sería parte de ello con su música, gracias a sus enormes dotes artísticas.

El góspel en las cuerdas vocales de Aretha es lo más cercano al cielo que puede imaginarse. Cierta aspereza de río crece en su garganta, y se alisa al contacto con el aire que empuja su voz. Desplegó una talentosísima carrera, por la cual recibió dieciocho Grammys.

Son famosas sus declaraciones contra el racismo y el machismo, algo de lo que ella fue cruelmente víctima. Pese a lo cual aceptó las invitaciones de Bill Clinton para cantar el himno nacional en la Convención Nacional Demócrata, y de Obama, cuando este era el presidente responsable de la policía asesina de Baltimore que provocó una de las rebeliones de negros más importantes de los últimos tiempos.

Aretha no ha sido una militante feminista, sino una mujer herida que no tuvo la posibilidad de cambiar, tampoco, su propia historia.

Sin embargo, y aquí la contradicción o la maravillosa dialéctica del arte, cuando su voz canta Respect cada mujer siente que reafirma su grito de respeto, cada negro de todos los géneros se atraviesa de ese delicado y poderoso reclamo de dignidad.

Ha muerto Aretha, con tanta belleza en sí misma que no necesita ser disfrazada de nada para ser respetada por lo que merece serlo. Millones de mujeres dan batalla hoy por un tiempo donde todas las Arethas  se canten a sí mismas, se llenen de conciencia, se coman al verdadero lobo sin género que nos quiere con tanto miedo.

 

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