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6 de noviembre de 2018

Las movilizaciones docentes

Por Felipe Melicchio
con colaboración de Didier Albera

Soy integrante de un grupo de estudiantes del colegio Sagrado Corazón de Castelar que, con un entusiasmo poco frecuente, nos unimos para realizar una investigación acerca del barrio de Monserrat, su historia y sus acontecimientos. Todo comenzó como una tarea escolar que, por su libertad de acción, trascendió. Nos movilizamos hasta el barrio para documentar la manifestación docente del 31 de julio que inició en Avenida de Mayo y Bolívar. Entrevistamos a un grupo de profesoras que, espontáneamente, nos develaron una intensa lucha que hoy está en su auge. Sus frases me generaron interesantes reflexiones del panorama actual; escucharlas allí fue como una clase sin pizarrón, sin asientos, pero con la pasión de quién lucha.

“Esto es una democracia aparente”, acotó una de las docentes en medio de la manifestación que condensaba miles de voces insatisfechas. Es una democracia aparente porque los medios de comunicación benefician en la construcción de una espuria máscara democrática que oculta una cara deforme: sin oídos, porque no escucha el grito popular; sin ojos, porque no ve el hambre de nadie; y con una boca desproporcional, porque se alimenta de muchos billetes ¿Qué significa democracia? La palabra democracia proviene de las palabras del antiguo griego demos (el pueblo) y kratia (regir, fuerza, potencia). Como si le hubieran arrebatado el “demos” a la palabra, el gobierno, como mero instrumento del Fondo Monetario, sostiene en su interior un sistema “kratia” donde el pueblo está apartado y queda únicamente la fuerza gobernando ¿La fuerza de qué clase social?

“Esto es parte de un plan de lucha”, esclarecía otra. Como el docente que dicta un plan de estudio, hoy existe un plan de lucha. No es eventual, para el que cree en el poder de las palabras, que los docentes estén realizando un plan de lucha. Un plan de lucha, como el plan de estudio, aglomera un conjunto de enseñanzas: cuando otros quieren manipularte, movilizate; cuando te quitan la dignidad, movilizate; cuando te distorsionan la realidad, movilizate. Intercambiar el pizarrón por la calle es la medida educativa más ambiciosa que conocí y, que todo esto me haya llevado a sentarme y reflexionar, habla de la efectividad de esta. Una multitud de docentes desconocidos nos enseñaban marchando; daban clase con sus actos.

“… porque hay que pegarle al gobierno donde más le duele”, continuaba diciendo la docente. ¿Cuál es el punto débil? ¿Le duele que la gente disgustada grite? Si es así, el gobierno rinde culto al silencio, desea una población de mudos. Como sucede con Superman y la kryptonita, lo popular es la debilidad de Cambiemos, y ser la debilidad de quienes nos “protegen” es una lógica infernal, mejor dicho, una ilógica realidad. Esto me hace reflexionar que en verdad gobiernan para otro grupo, llámese burguesía, llámese oligarquía, que nada tiene que ver con nuestros intereses. ¿Cómo ha llegado este siniestro Superman al gobierno? Por voto popular, es la respuesta; voto manipopulado, digamos. Por un lado, manipuló cráneos, dispuestos a alimentarse de cualquier verso, para ganar votos y, peor aún, para crear una serie de Frankensteins capacitados en la utilización de las redes sociales. Estos funcionan como sus leales soldados que justifican todos nuestros pesares y de los cuales son responsables. Por otro lado, se valió de un rechazo a un modelo que ya se encontraba sin rumbo de salida para la mayoría y en cuyas entrañas estuvieron quienes actualmente dan el visto bueno para que avance esta expoliación.

Me duele decir que, entre muchos de mis pares adolescentes, en el colegio privado al cual concurro, exista tanto desprecio y desestimación a los movimientos populares. Muchos y muchas, carentes de criterio propio, ya que está instalado en ellos y en ellas el discurso de sus padres, y de un sistema cultural que crea la clase dominante, siguen defendiendo las políticas que les afectan. Algo así como un instinto masoquista ¿Cuántos habrán asistido a una marcha? A la mística del grito colectivo combinado con la percusión de los bombos, que es metrónomo de emociones. Yo creo que muy pocos. Cuando uno o una critica desde lejos o desde lo visto en la pantalla, es víctima de concebir las cosas borrosas, ya sea por la distancia o por la manipulación ejercida; por eso pienso, en lo que se refiere a las manifestaciones, que quienes sostengan en sí prejuicios hagan el esfuerzo de movilizarse. Así van a comprender que todo esto no es cosa de “negros”, como lo tildan muchos medios hegemónicos, sino que es una de las acotadas medidas que tienen las y los trabajadores y las mayorías para alzar la voz.

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