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11 de octubre de 2018

Brasil: “Un proceso electoral conducido con métodos rigurosamente fascistas”

Algunas observaciones sobre el texto relativo a Brasil, para registrar algunas cosas que desde lejos tal vez no se perciban en toda su dimensión o no lleguen.
Por Edgar Azevedo
Desde Brasil

Un punto fundamental sobre la operación política encabezada por los militares, en referencia a la conducción de la campaña electoral, es el uso sistemático y coordinado de la violencia, las amenazas y la intimidación. No es una campaña tradicional en varios aspectos, pero sobre todo por la introducción de una violencia física y verbal generalizada como herramienta de coacción y sometimiento de la conciencia, siguiendo el manual de manipulación de masas del fascismo. No estamos ante la "amenaza fascista", o ante un candidato de perfil fascista, sino que el proceso electoral está conducido con métodos rigurosamente fascistas. Incluso la intervención militar en Rio, donde Bolsonaro arrasó, debe ser vista como preparación de la operación electoral, en el sentido de haber tenido la finalidad de someter la conciencia de las masas a todo un proceso de terror psicológico y manipulación para alcanzar este resultado específico, en el segundo mayor colegio electoral del país. El asesinato de Marielle es un capítulo en ese mecanismo.

La sofisticación y la precisión con que se sucedieron una serie de movimientos, sobre todo al final de la campaña, pone en evidencia que la conducción incluye profesionales extranjeros, naturalmente vinculados al trumpismo, asociados al grupo de militares de reserva liderados por el general Heleno, ex interventor en Haití. Heleno coordina el armado del futuro gobierno. Entre los agentes estatales (trolls, grupos de choque, etc) que ejecutan la campaña se destacan las policías militares de los estados, que le dedican buena parte de su tiempo (en servicio y fuera de él), actuando en las redes sociales y dando soporte a acciones políticas. Hubo puesta en escena de "actos espontáneos" pro Bolsonaro, por ejemplo en el Nordeste, con videos después reproducidos al hartazgo en las redes sociales, para darle apariencia de una "explosión popular" al proceso. "Encenações", a la manera del fascismo clásico. Del bolsonarismo civil puede decirse que está en una fase muy primaria de estructuración (la cúpula política viene en una crisis interna atrás de la otra), pero atrae una base creciente de desclasados y pequeñoburgueses. Por el momento, no aparecen señales de que se irradie en las organizaciones obreras. La Força Sindical, candidata natural, negocia el apoyo a Haddad.

La "ola conservadora" de la última semana fue construída como una operación bélica. Hubo una escalada perfectamente orquestada. El aluvión de podredumbre en los grupos de whatsapp, fake news, amenazas, incidentes, fue ampliado con la entrada el martes de los ruralistas con todos sus recursos políticos y económicos, y enseguida, de la Iglesia Universal y otros grupos evangélicos, que "confirmaron" en los cultos las falsificaciones y mentiras diseminadas en las redes sociales, en grupos cerrados. Los especialistas hablan de que esa conjunción entre mentiras de whatsapp y sermones fue decisiva para una gran masa de votos. El juez Moro contribuyó levantando el sigilo de una delación de Palocci (que había sido rechazada por el Ministerio Público), que inundó los diarios y los noticieros en los últimos días antes de la votación. La Corte Suprema prohibió e impuso censura previa (inconstitucional) a cualquier posibilidad de entrevista a Lula. La puntada final, entre el viernes y el domingo, fueron los actos de violencia y las provocaciones, a escala nacional, a una escala inédita. Todo con la venia del Tribunal Electoral, que aseguró tras los resultados que la elección transcurrió "con absoluta normalidad", a pesar de que incluso la prensa burguesa en forma casi unánime lo acusara de "omiso".

El presidente del STF merece un párrafo aparte, porque asumió la responsabilidad por la censura manifiestamente ilegal contra Lula y la prensa. El detalle es que el único pergamino que tuvo Dias Toffoli para entrar en la Corte es haber sido en toda su carrera abogado del PT, de Dirceu cuando era ministro de la Casa Civil (época del Mensalao) y luego de la bancada petista, ni siquiera tiene títulos de posgrado. Ahora "nombró" a un general como asesor, que le dicta lo que debe o no hacer a cada paso.

Sobre el movimiento de mujeres, es importante ver cómo se procesó el balance político de la jornada del sábado 29. La cúpula del PT compró la versión lanzada por la prensa de que la movilización provocó el crecimiento de Bolsonaro. Lo que ocurrió en verdad es que, al advertir la posibilidad del surgimiento de un movimiento de masas que potenciaría las chances del PT, el "centrao" abandonó a Alckmin y se pasó con armas y bagajes a las filas de Bolsonaro. En vez de de profundizar la lucha en las calles y orientar la campaña en el sentido de desenmascarar al bolsonarismo como canal de supervivencia del sistema político en estado de putrefacción, el PT culpó a las movilizaciones, desmoralizó a todo el mundo y se entregó al afán de "seducir" al centrao. Ese balance trucho de las movilizaciones tiene un impacto bastante grande, mucha gente está confusa sobre ese punto, por lo que es preciso una lucha política, es un obstáculo a ser superado para las manifestaciones que están siendo convocadas.

Un comentario final sobre el problema de la lucha contra el fascismo. Es ineludible registrar que el clima entre el activismo joven es de desorientación y estupor. Hay mucho miedo. Sumado a la parálisis de la CUT, hay que señalar (una vez más) las consecuencias nefastas del faccionalismo en la izquierda existente. Un escenario como el actual debería promover, además de una reacción común, iniciativas de agrupamiento, acción y articulación política. Pero los puentes son muy precarios, cuando existen. Es muy difícil que la voluntad de luchar contra el avance fascista pueda desenvolverse si no interviene un esfuerzo común para orientar y trazar perspectivas. La desestruturación (de la mano del electoralismo) es muy grande. La respuesta debería venir del movimiento obrero, donde las organizaciones están en pie, pero desmovilizadas en el plano político. Las fuerzas de izquierda no pueden sustraerse a este problema, tienen que romper el aislamiento autoimpuesto. En las marchas de las mujeres el movimiento sindical estuvo ausente como tal (aunque es difícil tener un panorama claro de ese tema a nivel nacional). El gran peligro es, ante la "blitzkrieg" política que creó el bolsonarismo, que la clase obrera permanezca atomizada e ignore la naturaleza de la batalla que tiene por delante.

 

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