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20 de julio de 2018

[CORREO DE LECTORES] El régimen de Ortega asesina estudiantes en Nicaragua

Por Joaco
UJS

El día sábado se dio a conocer la noticia que dos estudiantes nicaragüenses, que se encontraban atrincherados en una Iglesia junto a otros 200 estudiantes, fueron asesinados luego de ser ferozmente desalojados de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN) por fuerzas policiales y para-militares fieles a Ortega. Esta acción fue ejecutada como respuesta de parte del gobierno ante el paro nacional anunciado por la oposición, nucleada en el Frente Amplio Democrático (FAD).

Este hecho se encuadra en una feroz represión que se inició ante el intento del presidente de cambiar la escala jubilatoria dictada por el FMI en abril. Desde entonces se contabilizan 351 manifestantes asesinados.

La oposición que ha convocado al paro cívico lo hace como medida de desgaste contra el gobierno, el mismo cuenta con el apoyo de la burguesía nacional que promueve los “paros”, que no es más que un lock-out patronal. El rechazo al gobierno resulta total, una amplia capa de la clase trabajadora se manifiesta con movilizaciones masivas en Managua, capital de Nicaragua en las cuales debe enfrentarse no solo con las fuerzas represivas sino además con los grupos paramilitares que son incentivados desde el propio gobierno de Ortega.

Ortega, quién alguna vez fuera guerrillero sandinista, ha puesto todo su empeño en defender a rajatabla los intereses del Estado que alguna vez enfrentó en la lucha del pueblo nicaragüense contra el asesino Somoza. Hoy es el presidente quién actúa de Somoza al servicio de los intereses del FMI y los capitalistas (que le han bajado el pulgar) asesinando a los jóvenes y trabajadores que se manifiestan en las calles.

En contraposición, el FAD que convoca a los paros cívicos no lo hace en una perspectiva de desarrollar los reclamos de las masas populares sino que lo utiliza como medida de desgaste del gobierno, por un lado, y como medida de ahogamiento del pueblo nicaragüense que sufre no solo un ajuste brutal sino además la feroz represión, por el otro. En la búsqueda de una anticipación electoral que solo será posible mediante una salida militarista bajo el amparo del imperialismo que ha quitado ayuda a Ortega.

La Iglesia Católica se ha puesto en el rol de intermediaria entre el gobierno y el pueblo, pero este aparente rol pasivo en el conflicto deja al descubierto las pretensiones de la Iglesia que activamente propicia una salida gubernamental alternativa al gobierno de Ortega, bajo el pretexto de la unidad nacional y la paz social. Entiéndase, llevar a fondo el ajuste contra los trabajadores y como garantía para el imperialismo la búsqueda de un gobierno estable.

Ante esto la juventud no puede quedar presa de estas tendencias igualmente ajustadoras y represoras. Debe constituirse con una alternativa propia que solo será posible mediante la independencia política del Estado y sus partidos.

La única garantía de un triunfo de la juventud en este conflicto es la unidad con el movimiento obrero, constituyéndose como alternativa política de poder.

Por su parte, la clase obrera no cuenta actualmente con una central obrera y los pocos gremios que existen están fuertemente regimentados. La necesidad de una central obrera es estratégica en la lucha contra Ortega y contra las otras tendencias patronales. Por esto mismo debe convocarse a una Asamblea Nacional de Trabajadores que vote la creación de una Central Obrera que sea la que dirija las acciones de lucha y vote un programa de clase como salida a la crisis.

Este programa debe lograr el reagrupamiento de los trabajadores y la juventud, en la perspectiva de constituir un partido propio partiendo del planteo de la asamblea de trabajadores. Esta será la prueba de fuego del pueblo nicaragüense para que la crisis provocada por los capitalistas la paguen ellos.

Es necesario que el conjunto de la clase obrera latinoamericana acompañe al pueblo nicaragüense en su lucha, puesto que constituye una lucha estratégica contra el imperialismo y pone sobre la mesa el fracaso total del intento de salida a la crisis capitalista sobre sus mismas premisas. Los pronunciamientos, los actos en las embajadas y el desarrollo de huelgas en rechazo a las masacres de Nicaragua son el puntapié inicial para que el pueblo de Nicaragua triunfe, lo que llevaría al desarrollo de nuevas e intensas revueltas no sólo en Nicaragua sino en toda América Latina. El planteo del gobierno obrero y campesino constituye una necesidad fundamental como salida a la crisis. Vamos por una salida de los trabajadores en toda América Latina, vamos por la unidad socialista de Latinoamérica.
 

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