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18 de julio de 2018

[DEBATES] ¿Cómo avanzar en el movimiento de mujeres?

En primer lugar, ¿a qué nos referimos cuando decimos marea verde, movimiento de mujeres o feminismo? 

En el futuro “marea verde” va a ser signo de un hito histórico, en las calles ya se palpita la trascendencia del tiempo que nos toca vivir. El verde abortero, el pañuelo triangular, la insignia colectiva… van a ser vestigios de este 2018 y la lucha por el aborto pasará a la memoria junto a la macrisis (y el mundial de Rusia también aunque para los argentinos haya pasado sin pena ni gloria). La “marea verde” designaría esa lucha por un reclamo concreto (la interrupción voluntaria del embarazo) con todo lo que implica y todo lo que está generando. Como toda lucha es pasajera, aunque así sea como un verdadero pasaje a una nueva etapa. El “movimiento de mujeres”, en cambio, es de larga duración e internacional, sus reclamos son variados y varían, y aunque le debemos muchas conquistas, al menos su designación hoy nos resulta un poco molesta por ser excluyente de otras identidades de género y por reproducir la lógica binaria hegemonizante. 

El feminismo es un poco más polívoco, es decir que hace referencia a diferentes cosas: una perspectiva de análisis, una trayectoria teórica/intelectual, organizaciones concretas, un conjunto de posiciones políticas y (sin agotar la lista que sigue) la que me parece más importante considerar es el feminismo como un sentido de pertenencia, que es el sentido de pertenecer a una lucha que no es por un reclamo particular ni pasajera, este es el uso más cotidiano y el que más se ha masificado en el último tiempo (“soy feminista”, “feria feminista”, “fiesta feminista”, “lucha feminista”).

Un enorme porcentaje de la marea verde (que sería la foto de la película del movimiento de mujeres pero tenemos que cambiarle el nombre) se reivindica feminista, diría por lo menos el 80% aunque podría estar mucho más cerca del 100, como se puede ver en los cantos en las marchas, los carteles, el símbolo ♀ con el puño, etc. (un dato objetivo que se podría verificar, por ejemplo, a través de encuestas). 

Ahora bien, distingamos una cuestión. Tanto en la marea verde, en el movimiento de mujeres y en el feminismo, hay movimiento (contingentes que confluyen en la acción) y hay corrientes políticas que intervienen en él (líneas, programas, estrategias divergentes). Si decimos que el movimiento de mujeres es hoy en día un fenómeno de masas y si al menos el 80% de ese movimiento se considera feminista, el feminismo es también un fenómeno de masas y las masas somos, en este sistema capitalista, objetivamente lxs explotadxs. En este punto “feminismo burgués” es una caracterización que no sólo es una contradicción sino que nos impide diferenciar entre corrientes y programas políticos y las masas, y por lo tanto intervenir en estas últimas. Intervenimos, sí, en la lucha por el aborto legal y constantemente en el “movimiento de mujeres”, en los sindicatos y en los barrios. Y si bien muchas veces se solapan porque, por ejemplo, las feministas somos recontra marea verde, el feminismo es un movimiento distinto, es enorme y con un impulso impresionante. Muchos factores produjeron esta irrupción masiva, entre ellos varias caras de la crisis como el aumento de la violencia y los femicidios que dio lugar al NiUnaMenos, y la macrisis generando lazos cooperativos y comunitarios frente al ajuste y las necesidades más concretas. No quiero detenerme más en esto aunque nos debemos debatir con mayor profundidad sobre estos temas. 

El “feminismo burgués” no es entonces igual al feminismo, el primero es un programa y una estrategia política que nos lleva a conciliar y pactar con la burguesía (los partidos del régimen, la burocracia sindical) y que está encarnado por corrientes puntuales, mientras que el segundo es un movimiento de masas heterogéneo y dinámico. El “feminismo burgués”, entonces, tiene nombre y apellido: es Patria Grande que se dice muy feminista pero el año pasado marcharon ¡en una procesión junto a la Iglesia! en el día de San Cayetano para negociar un “pacto social” con Macri; que saboteó la decisión mayoritaria del Encuentro de Mujeres de Rosario para que la sede siguiente no sea Buenos Aires; que llamó a votar a Scioli; y etc, etc; es el Movimiento Evita que integra el PJ de Gioja, Insfran, Schiaretti y de la Sota. Es el FpV que impidió durante todos sus mandatos que se discuta el derecho al aborto en el Congreso, hinchas del papa argentino. Es la burocracia sindical de todos los colores que se ponen el pañuelo verde pero no llaman ni a un paro. Esto es lo que hay que clarificar y combatir, organizaciones y programas concretos que sí se reivindican feministas y se están desarrollando al calor de esta lucha, que es oportunismo político en muchos casos y en otros son estrategias equivocadas, sobre todo en las bases genuinas de algunas organizaciones que producto de sus propias contradicciones se desgajan y desmoronan como Patria Grande. No es el feminismo en abstracto y generalizado y mucho menos las feministas que somos luchadoras, que estamos en las calles y que lo que buscamos es sacarnos las cadenas de esta sociedad patriarcal; muchísimas sabemos que la única manera de hacerlo es acabar con la explotación capitalista que también recae sobre nosotras y con más peso que sobre los hombres, algunas entendemos que el programa más serio y los métodos más consecuentes para conseguirlo son los del Partido Obrero y por eso construimos allí. 

Podríamos ser muchas más, pero necesitamos enfocar el lente a una realidad que es dinámica: si antes en un pasado no tan lejano la violencia doméstica no era considerada un crimen es porque eso no había sido visibilizado como tal, lo mismo sucede ahora que visibilizamos (ponemos en la escena pública) otras formas de violencia y machismo, como comentarios, gestos y prejuicios que reproducen constantemente roles desiguales según el género. Ahora que existen, porque los vemos y los nombramos, o los combatimos o los negamos y somos cómplices. La deconstrucción, el empoderamiento, los micromachismos o el nombre que sea, viene a dar cuenta de esa pelea. Ningún partido revolucionario puede estar en contra y ni siquiera ser indiferente. No hay ningún viraje en el “programa de salida”, no hay una contraposición entre combatir los micromachismos cotidianos y organizarse para una batalla más profunda contra el régimen social. Hay que ver hasta qué punto una lectura errada como el no distinguir corrientes políticas oportunistas que defienden un feminismo burgués de un movimiento de masas, nos lleva a caer en posiciones conservadoras y reaccionarias. Enfocar el lente y afinar el lápiz. 

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