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28 de junio de 2018

Sobre el lenguaje, las confusiones y la lucha de clases

Desde no hace mucho tiempo se han comenzado a popularizar palabras cuya existencia es anterior a este fenómeno. Se trata de las palabras empoderar y deconstruir (ambas verbos). Su utilización habitual y frecuente es patrimonio especialmente de los movimientos feministas no clasistas, ni marxistas (aunque algunos que se autodenominan tales recurren a ellos en al afán de medrar sin principios en dichos movimientos). En el caso de la palabra deconstrucción, ésta refiere a la descomposición de una idea o concepto, esto es a su análisis, e implica la aceptación de muchos significados para la misma, ya que considera al concepto, objeto de ese análisis, no como un dato objetivo de la realidad, sino como una construcción artificial y subjetiva, negando lo objetivo del objeto.

A su turno, el empoderamiento refiere, en el caso de los movimientos feministas, a organizarse dentro de la sociedad capitalista para ganar fortaleza y espacio, en el campo social, político y económico, soslayando la clase social a la que pertenecen esas mujeres, y creando la ilusión de que las mismas en tanto partes de un mismo género, tienen intereses comunes. Como se puede observar, si relacionamos  el empoderamiento con la deconstrucción, en la medida que los conceptos y categorías para los ideólogos de la misma (Derrida) son de orden subjetivo denostando los datos objetivos de la realidad, apelan a unir a las mujeres por su género y no por la clase social a la que pertenecen. De esta manera anulan la lucha consecuente de las mismas junto a su clase, que incluye la lucha por la igualdad de salarios, guarderías, licencias por violencia de género, por embarazo y maternidad, y otras (lavanderías y comedores públicos gratuitos etc), que sin la unidad de la clase obrera no son susceptibles de ser arrancadas puesto que la clase capitalista de conjunto( empresarios y empresarias) las impiden para sostener lo principal que une a hombres y mujeres empresarios/as, que es la tasa de beneficio, cuya obtención es el fruto de los bajos salarios y la conculcación de los derechos y reivindicaciones de la clase obrera.

Los marxistas no pretendemos deconstruir el estado capitalista; nuestra estrategia es destruirlo, e imponer un gobierno de los trabajadores, el gobierno de los trabajadores no pretende deconstruir las relaciones entre hombres y mujeres trabajadores/as, pretende revolucionarlas a partir de las nuevas condiciones materiales y establecer las conquistas de la mujer trabajadora a partir de nuevas relaciones de producción, que suprimen la propiedad privada de los medios de producción. Tampoco pretendemos empoderar (los hombres a las mujeres) de reivindicaciones; hombres y mujeres obreros y obreras imponen sus reivindicaciones comunes a partir de facilitar a la mujer trabajadora nuevas condiciones de existencia que la saquen de la esclavitud doméstica, esto es: lavanderías gratuitas, guarderías gratuitas, derecho al aborto legal y gratuito, igual salario, etc. Plantear el empoderamiento en abstracto es completamente idealista y ajeno al marxismo revolucionario.

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