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13 de agosto de 2018

La revolución política en Alemania contra la burocracia stalinista

A 65 años del levantamiento en Alemania del Este

A fines de junio de 1953 más de medio millón de obreros de Berlín Oriental inician una huelga general, que rápidamente se transformó en una huelga política de masas y se fue extendiendo hacia el resto de la República Democrática Alemana (Alemania del Este).

No surgió de la nada. Ya en años anteriores se habían visto numerosos conflictos y reclamos de los trabajadores contra la superexplotación que quería imponer la burocracia estatal de Walter Ulbricht (jefe de los stalinistas alemanes). En 1950-51 en las primeras discusiones de convenios colectivos, los trabajadores se negaron a votar las propuestas gubernamentales. En varias grandes fábricas, masivas asambleas generales obligaron a renegociar una y otra vez, hasta que fueron adoptados sus reclamos.

Pero en 1952, la dirección del Partido Socialista Unificado de Alemania (SED) planteó un giro violento: acelerar el proceso de industrialización pesada (en detrimento de las industrias de consumo), eliminar subsidios, incrementar los ritmos de producción. Al mismo tiempo, se planteó devolver a medianos empresarios fábricas que habían sido nacionalizadas anteriormente. En 1953 el plan ajustador se empezó a poner en marcha: se eliminaron los pases de ferrocarril con 75% de descuento que gozaban los obreros para ir y venir del trabajo; se suprimieron cartillas de racionamiento para dos millones de personas; aumentaron los precios y otras medidas, donde se destacaba el aumento forzoso de los ritmos de producción en un 10% sin aumento salarial -en caso de no alcanzar esos ritmos se descontaban multas del salario.

Movilizaciones de masas

Con el cobro de salarios y al ver en sus sobres los descuentos retroactivos hicieron punta los obreros de una pequeña empresa de la construcción de menos de 100 trabajadores, quienes resolvieron en una asamblea marchar hacia la Casa de Gobierno. En el camino se fueron sumando otros obreros que hacían abandono de sus puestos de trabajo y se sumaban al paro y movilización, junto a estudiantes, etc; se transformó en una movilización de masas. El reclamo central era la abolición de los nuevos ritmos de trabajo y los descuentos salariales, la devolución de los subsidios, la baja de precios, etc. Pero minuto a minuto las reivindicaciones crecían: libertad a los presos políticos, destitución de los burócratas que habían adoptado las medidas antiobreras, democratización del partido y de los sindicatos. En cada asamblea se votan pliegos de reclamos; en las metalúrgicas se pide un auténtico “gobierno de los metalúrgicos”. Numerosos reclamos plantean la unidad de Alemania: no esperar más al gobierno de Bonn (Alemania Occidental), levantando las barreras entre las dos Alemanas e imponiendo elecciones secretas, generales y libres “y asegurar una victoria obrera en esas elecciones” (L’Observateur).

En el resto de Alemania Oriental, la huelga general se va extendiendo, con asambleas que declaran la solidaridad con los obreros en lucha de Berlín y que van constituyendo sus propios comités y adoptando pliegos de reclamos.

El gobierno de la burocracia del SED en los primeros momentos está paralizado. La extensión y profundidad de la huelga, su tendencia a la radicalización política lleva a la burocracia alemana y a la burocracia stalinista de Rusia a dar marcha atrás. Se anuncia la derogación de los nuevos cupos de producción, la restitución de los subsidios y un parate al plan económico de fortalecer la industria pesada en detrimento del consumo de las masas. Pero la huelga continúa, se profundiza y se extiende. Los obreros piden garantías de que no va a haber represalias y se suman nuevos reclamos políticos. Delegaciones de obreros metalúrgicos cruzan a Berlín Occidental para volantear las fábricas metalúrgicas pidiendo que se sumen a la huelga para imponer su triunfo y el avance hacia la unificación alemana. Pero las direcciones del Partido Social Demócrata y de los sindicatos de Alemania Federal bloquean toda intervención de los obreros alemanes en la lucha en curso, preservando el orden bajo dominio de la burocracia stalinista.

Las tropas rusas

Ante el crecimiento y radicalización del movimiento de lucha, el gobierno burocrático agotado y al borde del colapso llama a la intervención de las tropas rusas estacionadas en Alemania y Berlín Oriental. Estas decretan el estado de sitio y el toque de queda y reprimen violentamente las manifestaciones y concentraciones. Muchos soldados rusos se niegan a disparar, piquetes enteros de soldados disparan al aire (y son abrazados por los obreros alemanes en huelga). Hay decenas de muertos, varios miles de detenidos y el movimiento refluye, producto de la sangrienta represión y de las concesiones del régimen que da marcha atrás en sus ataques inmediatos a las condiciones de vida de las masas. La burocracia moscovita se ve obligada a aflojar un poco la exacción económica que sufría Alemania: meses más tarde anula las reparaciones-indemnizaciones de guerra que debía pagar el Estado alemán a la URSS.

Aislados y sin dirección política alternativa, los obreros refluyen. Muchos de ellos confiaban en reformar al SED. En marzo de 1953 había muerto Stalin y se hablaba de una desestalinización. La burocracia rusa se dividió en varias fracciones en sorda lucha por el poder. Unas (como la de Beria) más osadas que otras en la búsqueda de acuerdos con el imperialismo. La IV Internacional, dirigida por Michel Pablo, había abierto expectativas en la liberalización de los regímenes stalinistas. El Secretariado Internacional de la IV Internacional (SI) se negó a levantar el reclamo del retiro de las tropas rusas de Alemania. El SI afirmó que "los dirigentes soviéticos están obligados a perseverar en dirección de mayores y reales concesiones, para no correr el riesgo de perder el apoyo de las masas y provocar explosiones más fuertes. No podrán detenerse en el medio del camino". Una ceguera total que llevó a la postración de la IV dirigida por el pablismo, que se empeñó en una política oportunista (entrismo en los PC, etc.) de confianza en una regeneración stalinista.

Revolución política

El levantamiento de Berlín que se extendió a millones de obreros de toda Alemania Oriental fue el primer chispazo efectivo de la tendencia a la revolución política contra la burocracia stalinista, que luego se extendería a Polonia, Hungría, Checoslovaquia. Y que aceleró las tendencias restauracionistas del capitalismo por parte de la burocracia: para no caer frente a la revolución obrera, la burocracia stalinista se entregó al imperialismo.

Solo ocho años después de la catástrofe vivida en la segunda guerra mundial, de la entrega de Stalin de Alemania para bloquear una irrupción revolucionaria de las masas con la caída del nazismo, los obreros alemanes levantan cabeza y se transforman en protagonistas revolucionarios. Es un nuevo intento de revolución después de las vividas en 1919 primero y 1923 después. No está dicha la última palabra.

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